De compartir escenario con Sammy Hagar a viajar con el universo de Maynard James Keenan, el músico y humorista de Cleveland demuestra que el rock también tiene espacio para el absurdo, la improvisación y una guitarra con mucho que decir.
En el rock hay músicos que necesitan una presentación espectacular para ganarse al público. Dave Hill puede aparecer con un mono ajustado, una guitarra y una historia disparatada, y conseguir que la situación funcione precisamente porque nadie sabe muy bien qué va a ocurrir después.
Cómico, escritor, actor y guitarrista, Hill lleva años construyendo una carrera que se resiste a las etiquetas. Su nombre está ligado a la banda Valley Lodge, cuyo tema «Go» sirve como sintonía de Last Week Tonight with John Oliver, pero su actividad musical no termina ahí. También ha encontrado espacio en escenarios compartidos con artistas de universos tan diferentes como Sammy Hagar, Down, Autopsy y el entorno de Maynard James Keenan.
En una entrevista reciente, Hill repasa algunas de esas experiencias con el humor que caracteriza su trabajo. Entre historias de giras, guitarras, libros y camerinos, aparece una cuestión interesante: ¿qué sucede cuando un artista acostumbrado a hacer reír se convierte en el invitado de una noche de rock?
La respuesta, al menos en su caso, puede incluir una residencia en Las Vegas, un público de metal extremo y una broma que se prolonga hasta que alguien tiene que sacarlo del escenario.
SAMMY HAGAR, DAVID LEE ROTH Y UN JUEGO CON EL NOMBRE «DAVE»
Uno de los momentos más divertidos de la conversación gira alrededor de la participación de Hill en varios conciertos de Sammy Hagar. El músico y humorista cuenta que actuó durante cinco fechas de la residencia de Hagar en Las Vegas y recuerda especialmente la invitación para salir al escenario durante el saludo final.
En aquellas noches, la formación reunía a Hagar con Michael Anthony, Joe Satriani, Kenny Aronoff y el teclista Spider Cherry. Hill tuvo la oportunidad de formar parte del cierre, pero su propio espectáculo había generado una broma recurrente: el público empezaba a corear «Dave, Dave, Dave».
Hagar le pidió que dejara de hacerlo. Hill tardó un momento en comprender la referencia que los demás veían inmediatamente: el nombre evocaba la eterna comparación entre Sammy Hagar y David Lee Roth, los dos vocalistas asociados a distintas etapas de Van Halen.
El humor nace de esa diferencia de perspectivas. Para Hill, Dave era sencillamente su nombre; para quienes observaban la escena desde fuera, el cántico podía interpretarse como una provocación dentro de uno de los debates más conocidos de la historia del hard rock.
Hill cuenta que el equipo de producción llegó a preparar una pequeña escena para la última noche: él seguiría hablando y el responsable de producción lo arrastraría fuera del escenario. La anécdota terminó circulando en redes sociales y alimentando, una vez más, la discusión entre los seguidores de Hagar y Roth.
Más allá de la broma, Hill se muestra agradecido por la oportunidad. En la entrevista elogia a Hagar y destaca especialmente su capacidad vocal y la de Michael Anthony. No necesita convertir la comparación en una competición: su historia funciona mejor cuando el protagonista es el absurdo de la situación.
DE TENACIOUS D A DOWN Y AUTOPSY: EL HUMOR TAMBIÉN PUEDE ABRIR UN CONCIERTO DE METAL
La trayectoria de Hill como artista invitado resulta especialmente llamativa por la variedad de públicos ante los que ha actuado. En la conversación menciona experiencias con Tenacious D, Down, Quicksand y Autopsy, además de otras colaboraciones musicales.
No son contextos intercambiables. Una audiencia que espera una descarga de metal extremo no necesariamente busca lo mismo que quienes acuden a un espectáculo de comedia. Hill reconoce que esa diferencia puede convertirse en un reto, pero también explica que, en muchas ocasiones, son los propios músicos quienes deciden invitarlo y abrirle un espacio dentro de sus conciertos.
Su anécdota con Down es reveladora. Según cuenta, la banda lo había colocado en varias ocasiones como artista de apertura y, en una fecha con otros grupos de metal, llegó a actuar inmediatamente antes de ellos. Hill considera que la decisión tenía una lógica cómica: poner su espectáculo justo antes de Down era, en sí mismo, parte del chiste.
Con Autopsy la situación fue todavía más explícita. Al descubrir que figuraba antes de varias bandas de death metal y no inmediatamente antes del grupo principal, Hill llamó a Chris Reifert para pedir un cambio en el orden. El músico entendía que su actuación tendría más sentido como apoyo directo de Autopsy que como primera parada de una noche dominada por el metal extremo.
La programación se modificó y Hill terminó actuando a una hora mucho más tardía, después de varias bandas del cartel.
Lo interesante no es únicamente la anécdota. Es la forma en que el humor puede convivir con escenas musicales que, desde fuera, parecen incompatibles. Hill no pretende fingir que su espectáculo es una banda de metal más: juega precisamente con la diferencia. Él mismo lo describe como un hombre hablando con un mono ajustado y tocando música entre historias.
Esa conciencia de su propio papel parece ser una de las claves de su relación con estos públicos. No intenta borrar la distancia entre la comedia y el metal; la convierte en material para el espectáculo.
MAYNARD JAMES KEENAN Y UNA GIRA QUE NO SE DETIENE
Otra parte destacada de la entrevista se centra en sus experiencias con Maynard James Keenan y el entorno de Puscifer y A Perfect Circle. Hill habla con afecto de Keenan, al que describe como alguien divertido, y expresa su agradecimiento por seguir contando con su apoyo.
También recuerda una gira norteamericana de ocho semanas y 32 conciertos que considera una experiencia extraordinaria. En el momento de la conversación, se preparaba para una nueva etapa de actuaciones en Europa, antes de regresar a Norteamérica y continuar con fechas previstas en distintos territorios.
Durante la entrevista menciona una ruta europea de doce conciertos y enumera ciudades como Estocolmo, Oslo, Varsovia, Bruselas, Zúrich, Berlín, Ámsterdam, Tilburg, Londres, Manchester, Glasgow y Dublín. Como el propio Hill reconoce que no está seguro de recordar el orden exacto, esa enumeración debe entenderse como parte de su relato y no como un calendario oficial completo.
Después habla de una agenda internacional que incluye México, Sudamérica, Australia, Nueva Zelanda, Japón y Hawái, vinculada a las giras de Puscifer y A Perfect Circle.
La dimensión de esos recorridos dice bastante sobre el lugar que ha conseguido hacerse. Hill no se limita a actuar en clubes de comedia: su propuesta también puede viajar con artistas que cuentan con públicos musicales consolidados y con producciones de gran alcance.
No significa que todos los conciertos funcionen de la misma manera. Él admite que una actuación anterior a Snoop Dogg, años atrás, no conectó bien con una parte de la audiencia. La experiencia le sirve para reconocer una realidad que cualquier artista itinerante conoce: el contexto puede cambiarlo todo.
CUARENTA Y SIETE GUITARRAS Y NINGUNA PRISA POR DEJAR DE COMPRAR
La conversación también deja espacio para una de las obsesiones más reconocibles de cualquier guitarrista: el instrumento que siempre parece faltar en la colección.
Hill cuenta que dejó de contar sus guitarras cuando llegó a 47. Bromea con la posibilidad de comprar una casa y reconoce que tener más espacio le permitiría seguir ampliando la colección. Según explica, una parte importante de los instrumentos que posee fueron regalos.
Entre las guitarras que baraja llevar de gira menciona una Dunable Asteroid, con una forma cercana a la Flying V, y una Charvel Warren DeMartini. También habla de las diferencias entre calibres de cuerdas y de su costumbre de llevar una guitarra de repuesto cuando actúa como invitado.
Lo más divertido es que no intenta presentarse como un virtuoso de la preparación técnica. Admite que cambiar las cuerdas no es precisamente su especialidad y se ríe de no haber mejorado demasiado con los años.
Ese detalle aporta humanidad a la imagen del guitarrista. En una profesión donde abundan las demostraciones de técnica, Hill permite que el público se ría de las pequeñas imperfecciones que acompañan a la vida musical. La colección puede ser enorme, pero eso no significa que cada tarea del mantenimiento instrumental se convierta automáticamente en una obra maestra.
EL HUMOR COMO OFICIO, NO COMO EXCUSA
Dave Hill también habla de su trabajo como escritor. Durante la entrevista confirma que ha publicado cinco libros, aunque distingue entre sus obras y el formato de novela gráfica de Dark Regards. Comenta que ya ha empezado a escribir otro libro, pero que el ritmo es lento porque tiene demasiados proyectos en marcha.
Esa acumulación de actividades ayuda a entender su trayectoria. Hill no es únicamente un cómico que toca la guitarra en los ratos libres, ni un músico que añade chistes entre canciones. Su carrera se mueve entre la escritura, la actuación, la música y una identidad escénica construida alrededor de la mezcla de esas disciplinas.
Cuando le preguntan si adapta sus actuaciones según el público, explica que no cambia por completo su material, aunque sí puede elegir qué partes funcionan mejor en cada contexto. Compara su espectáculo con un restaurante que ofrece un menú concreto: no va a transformarlo todo para cada cliente, pero sabe que no todas las propuestas encajan igual en cualquier situación.
Esa idea resulta especialmente pertinente cuando se comparte cartel con bandas de estilos muy distintos. La personalidad de un artista no tiene por qué desaparecer para adaptarse a una audiencia; lo que necesita es comprender el escenario en el que aparece.
En el fondo, su propuesta se apoya en una combinación poco habitual: tomarse en serio la música sin tomarse demasiado en serio a sí mismo.
MÁS QUE UN INVITADO CURIOSO EN EL CARTEL
En una industria que suele separar las carreras por categorías —músico, cómico, actor, escritor—, Dave Hill demuestra que esas fronteras pueden ser más permeables de lo que parecen. Su presencia junto a artistas de rock y metal no depende de fingir que ofrece el mismo espectáculo que ellos, sino de aportar algo distinto a la noche.
Las anécdotas con Sammy Hagar, los cambios de orden en los conciertos de Autopsy y la complicidad que describe con Maynard James Keenan dibujan una carrera construida a base de oportunidades, personalidad y una disposición constante a entrar en escenarios inesperados.
No todos los cruces entre comedia y música funcionan, y Hill no pretende ocultarlo. Precisamente por eso sus historias tienen interés: muestran el trabajo que hay detrás de una propuesta que puede parecer caótica, pero que necesita leer al público, respetar el contexto y encontrar su lugar.
Quizá la mejor imagen de Dave Hill no sea la de un cómico que se cuela en una gira de rock ni la de un guitarrista que quiere hacer reír. Es la de alguien que consigue que ambas cosas convivan sin pedir disculpas por ninguna.
Porque algunos necesitan elegir entre el escenario y el chiste. Dave Hill prefiere subir con la guitarra, contar la historia y dejar que el amplificador haga el resto.
FUENTE
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