La fina línea entre la hermandad de local de ensayo y los intereses financieros acaba de evaporarse, dejando al descubierto una áspera disputa comercial entre Mastodon y los representantes del patrimonio del fallecido Brent Hinds. El grupo se ha visto obligado a salir al paso de un litigio judicial que ensombrece la historia reciente de la banda, adoptando un tono de corporación de corbata que choca de frente con la imagen de lealtad que siempre proyectaron junto a su compañero.
Desde las altas esferas de la formación niegan rotundamente cualquier tipo de mala intención o jugada sucia por su parte, dejando muy claro que piensan desmontar en los juzgados lo que consideran una querella sin el más mínimo fundamento. Resulta revelador cómo el texto oficial navega hábilmente entre el afecto por el "querido amigo" y la pura frialdad de los negocios, utilizando el mutismo como la mejor de las excusas.
La maniobra que han encontrado para bajar la persiana informativa es afirmar que no hablarán más del tema en público para honrar la memoria y la inmensa aportación musical de Hinds. Una jugada de relaciones públicas de manual para mantener los trapos sucios lejos de los focos de la prensa, justo mientras los bufetes discuten el reparto de regalías, porcentajes y derechos de autor en la más estricta intimidad. Detrás de los homenajes formales y las buenas palabras, la industria discográfica sigue girando sin pausa, dejando claro que los juzgados no entienden de pérdidas personales. Al final, parece que el auténtico lodo pesado no estaba en las frecuencias graves de sus discos, sino en la letra pequeña de esos contratos que nadie se molestó en mirar con lupa.
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