El parlamento de la capital argentina ha decidido dejar a un lado los formalismos aburridos para premiar al cerebro de Megadeth en un giro de guion que nadie vio venir en los despachos oficiales.
El líder del cuarteto se ha plantado en el edificio gubernamental para recoger el pergamino, demostrando que su legado trasciende los escenarios para meterse de lleno en las instituciones. El documento sella una alianza histórica entre el guitarrista y el público argentino, una devoción que roza el fanatismo.
Mustaine, flanqueado por sus compañeros y rodeado de banderas, sostiene el reconocimiento con la misma soltura con la que domina las cuerdas en directo. Es un choque de mundos donde el protocolo se disuelve ante el peso de una figura que no necesita presentación.
Mientras los funcionarios locales se apuntan a la foto, el vocalista y compositor recoge un diploma que confirma que los ritmos veloces y la actitud implacable han conquistado hasta los rincones más sobrios de la metrópoli.
A nadie le amarga un dulce, y menos a alguien que ha navegado por las aguas más turbulentas de la industria discográfica sin perder el paso ni la mala leche. A ver si los políticos aprenden de una vez a hacer algo de ruido en lugar de marear tanto la perdiz en sus asientos.


