En un despliegue de hiperactividad que haría que un niño con sobredosis de cafeína parezca sedado, Dave Ellefson ha aterrizado en Buenos Aires para recordarnos que, aunque te borren de un disco, siempre puedes fundar diez bandas nuevas antes de la hora del almuerzo. Con la narrativa de un superviviente profesional que ha convertido el "despido injustificado" en una marca registrada, Ellefson presentó su Basstory no como una clínica de bajo, sino como el manifiesto de un hombre que ha decidido ser su propio jefe, su propio empleado y, probablemente, su propio club de fans. Según el bajista, su salida de Megadeth no fue un final, sino el Big Bang de un universo expandido donde él es el único protagonista que no necesita pedir permiso para respirar cerca de un micrófono.