Escúchame bien, que lo del Mick Jagger con el Jimmy Fallon ha sido para mearse y no echar gota. El tito Mick, que tiene ya más años que la Giralda pero con el cutis de un niño de comunión, se ha metido a dependiente de una joyería que se llama "Hackney Diamonds". Pero con un detalle: ¡el gachó no usaba sus brazos! Tenía unos brazos de plástico de esos de los escaparates de la calle Sierpes, manejados por otro nota que estaba allí escondido haciendo el lío.
UN SHOW CON MÁS PELIGRO QUE UN MONO CON UNA BALLESTA
Allí estaba el nota, vestido que parecía que venía de una boda en el Aljarafe, intentando vender pedruscos de los caros mientras los brazos de maniquí daban más bandazos que un mareado en la Plaza de Cuba.
El momento de la lupa: ¡Eso fue el acabose! El Jagger intentando ponerse la lupa de joyero con unos dedos de plástico tiesos como una mojama de Barbate. ¡Qué angustia, por Dios! Parecía que se iba a sacar un ojo en directo.
¡Cállate ya, sieso!: Cada vez que el cliente (el Fallon, que es más pesado que una ración de altramuces sin cerveza) soltaba una letra de los Rolling, el Mick le soltaba un "boop" en la nariz con el dedo de palo. ¡Toma castaña! "Ni Satisfaction ni Satisfaction, que te doy un cate con la mano de madera que te avío", parecía decirle.
ALGODÓN DE AZÚCAR Y UN LÍO DE TRES PARES
La cosa se puso más tensa que el estreno de una túnica de terciopelo cuando sacaron una máquina de pulir diamantes que eso vibraba más que un móvil en una reunión de vecinos. Y para rematar la faena, ¿qué te dan si compras dos anillos? ¡Pues algodón de azúcar, chiquillo!. Terminaron los dos perdidos de azúcar pegajoso, con el pelo del Jagger que parecía que le habían echado laca de la barata.
La moraleja de la historia: Si una leyenda del rock que ha llenado estadios y ha visto más cosas que el Alcázar se pone a hacer el canelo con unos brazos de plástico por pura guasa, tú no me vengas con tonterías ni con humos.
¡Que no se puede tener más guasa que este hombre! Si el Mick te vende un brillante de cinco mil pavos mientras pelea con un brazo de maniquí, los demás estamos tardando en echarnos unas risas y dejar de ser tan estirados.





