El incansable vocalista británico ha decidido que las guitarras convencionales de los noventa ya pasaron a mejor vida, dándole una vuelta de tuerca definitiva a su obra cumbre solitaria, "Tears Of The Dragon", mediante un lavado de cara con ínfulas de solemnidad sinfónica que pretende conmover hasta a las piedras. La pieza audiovisual, dirigida por la dupla de Leo Liberti y Antoine De Montremy, nos muestra al reflexivo intérprete deambulando con mirada intensa por los pasillos agrietados de un antiguo edificio abandonado, donde la decadencia del yeso parece conectar de forma directa con los traumas que narra la letra. En lugar de la estructura que reventaba bafles en el disco de 1994, la composición se sostiene ahora sobre unos pomposos arreglos, teclados y programaciones cortesía de Antonio Teoli, sumados a las cuerdas de Philip Naslund y una producción refinada por Brendan Duffey, logrando un ambiente lúgubre, denso y lo suficientemente melodramático como para musicalizar cualquier producción histórica de presupuesto millonario.
Para que el asunto no se quedara solo en él cantando entre escombros, el metraje sube la apuesta conceptual metiendo en pantalla a la bailarina Renata Bardazi, quien se dedica a danzar con cara de sufrir mucho en una playa grisácea, representando de forma muy gráfica el conflicto interno y esos miedos infantiles que el vocalista lleva rumiando tres décadas. El clímax llega cuando el cantante decide desatar toda la potencia de sus cuerdas vocales subido a unos balcones medio derruidos mientras lo respalda su equipo de confianza para las grandes ocasiones, pomposamente bautizado como The House Band From Hell, donde se codean músicos de la talla de la bajista Tanya O'Callaghan y el infaltable Maestro Mistheria haciendo filigranas para elevar el dramatismo de la escena.
Semejante despliegue visual de alta alcurnia ha dejado babeando a los jurados de las academias cinematográficas del planeta, que se han apresurado a llenar al británico de medallas antes de que el seguidor de a pie pudiera asimilar el invento. La producción ya acumula estatuillas a Mejor Video Musical en certámenes de Los Ángeles, Nueva York, Europa del Este, Suecia y hasta en el Asian Independent Film Festival, arañando de paso un bronce en Berlín y un doblete técnico en los World Premiere Films Awards. Por si la vitrina se quedaba corta, el videoclip sigue rascando nominaciones en el prestigioso Festival de Cannes, los Rome Prisma Film Awards y los circuitos alternativos de Tokio, confirmando que cuando a las viejas glorias les da por ponerse estupendas y orquestales, el mundo del cine se cuadra y aplaude con devoción. Queda claro que a ciertos mitos les encanta reinventar la rueda con tal de no vivir de las rentas, demostrando que hasta para ponerse nostálgico y teatral hay que saber envejecer con estilo.
