En una entrega más de "Crónicas del último adiós que nunca llega", el bajista de la eterna sonrisa y la barba perennemente cuidada, James LoMenzo, se ha sentado frente a las cámaras para darnos una lección magistral de diplomacia metalera en alta definición. La narrativa de esta exclusiva nos transporta a un universo donde las decisiones drásticas se toman por Zoom y donde Dave Mustaine, en un alarde de espontaneidad mística, decidió que Megadeth debía morir con gloria justo cuando el disco ya estaba grabado al setenta y cinco por ciento. LoMenzo, con la calma de quien ha visto pasar a más guitarristas por su lado que trenes por una estación, nos vende la idea de que este no es un final por agotamiento, sino una "victoria gigante" coreografiada para no salir del escenario con un gemido, sino con el estruendo de un presupuesto de gira mundial que durará, como poco, un lustro.
