Don Henley se ha sentado con Howard Stern para recordarnos que el himno definitivo del rock, ese que suena en todas las radios del mundo hasta provocarnos náuseas, nació de la forma más prosaica y mundana posible. La fidelidad a los hechos es casi insultante para los que buscan mística: Don Felder apareció con un cassette de mierda grabado en su casa con una caja de ritmos barata y siete u ocho canciones que a Henley le importaban un bledo. De toda esa basura, solo rescató un riff. Sí, el riff que ha pagado más mansiones en Malibú que cualquier otra progresión de acordes en la historia.