La nueva entrega de la franquicia marca un punto de inflexión brutal que llegará a los cines españoles siete días después de su debut norteamericano, fijado para el 10 de julio de 2026.
La trama sigue los pasos de Alice, interpretada por Souheila Yacoub, quien decide buscar refugio en la casa de sus suegros tras la trágica pérdida de su marido con la firme intención de superar el luto. Pobrecita, no sabe lo que le espera en esa propiedad apartada de la civilización, donde en lugar de cenas tranquilas y conversaciones de cortesía se desata un aquelarre en el que los votos matrimoniales cobran un sentido de lo más macabro y letal cuando la familia empieza a mutar en seres salidos de la peor de las pesadillas.
Bajo la batuta del cineasta Sébastien Vaniček, el asunto tiene la intención de destrozar cualquier esquema del género, y el director no se anda con chiquitas, firmando un guion codo con codo con Florent Bernard para exprimir la mala baba de cada miembro del reparto. El elenco, que incluye a rostros como Hunter Doohan, Luciane Buchanan y Tandi Wright, se encarga de dar vida a un grupo de parientes que, uno a uno, van perdiendo la poca cordura que les quedaba.
Técnicamente, el enfoque destila esa crudeza que te golpea el pecho igual que un portazo en medio de la noche, mientras que la fotografía de Philip Lozano no pierde el tiempo con luces bonitas y apuesta por una atmósfera asfixiante y directa que se siente sumamente visceral.
Producida por los veteranos Rob Tapert y Sam Raimi, esta entrega promete despuntar por una violencia implacable, dispuesta a reventar las pantallas sin pedir permiso ni dar explicaciones a nadie.
Menuda forma de joder una típica reunión familiar.
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