El legendario batería acaba de protagonizar la jugada más surrealista de su carrera, tomando de forma literal un letrero de limpieza canina tras pedir un baño en las oficinas de la plataforma de streaming.
El músico no se ha cortado ni un pelo y ha inmortalizado el momento en sus redes sociales, dejando a los ejecutivos de la compañía en evidencia con mucha clase. En la instantánea, le vemos plantado junto a un dispensador de bolsas para excrementos de perro, mirando hacia atrás con una mezcla de desconcierto y chulería.
Lejos de buscar un camerino de lujo o una zona VIP, el artista se encontró con la directriz más absurda posible y decidió seguirle la corriente al personal con total descaro. Es esa actitud de estrella del rock que no se inmuta ni ante las situaciones más ridículas que le propone el entorno corporativo.
La escena nos demuestra que, por muchas reuniones de marketing y directrices corporativas, la rebeldía visceral sigue viva. El músico ha sabido darle la vuelta a la tortilla para convertir una metedura de pata empresarial en una lección de estilo y humor ácido.
Al final, si los estudios de grabación modernos no tienen instalaciones decentes para las leyendas del rock, siempre queda la calle.
No hay comentarios:
Publicar un comentario