El viaje de Shane Embury desde las bambalinas de Shibuya hasta el rincón más jodido de su propia mente no es un cuento de hadas, y su relato empieza dejando claro que Japón es su refugio mientras se toma un respiro de los escenarios para estar con su familia.
El músico confiesa que su hiperactividad creativa no es una elección, sino una obsesión descontrolada que le empuja a escupir sonido constante, ya sea en clave extrema o electrónica, mutando proyectos sin pedirle permiso a nadie.
Al saltar el tema de Lockup, el ambiente se ennegrece por completo al recordar la muerte de Thomas en septiembre, un mazazo brutal para la escena que deja un vacío enorme e irremplazable. Embury rememora cómo eran colegas desde que se conocieron, tipos que se enviaban las letras para debatirlas desde una perspectiva filosófica profunda, funcionando casi como chamanes del underground.
En la misma línea de compinches, destaca a Russell, con quien comparte sintonía astral y proyectos, y que ha salido de un par de operaciones duras para seguir dándole al estudio mientras procesan el último tramo de sus vidas. El libro autobiográfico que publicó hace un par de años abrió una espita necesaria para hablar de salud mental, un tabú que muchos prefieren ignorar para no mostrar debilidad ante la galería.
Esta catarsis le lleva a plantear su próxima gira como una charla donde desnudarse emocionalmente, reconociendo que su propia existencia ha sido una auténtica locura durante casi cuatro décadas.
Sin embargo, la parte más cruda y oscura llega cuando admite sin rodeos que pasó un par de años tocando fondo y perdiéndose en el alcohol, intentando procesar el duelo por la pérdida de sus padres y amigos, lidiando con lo complicado que es para su entorno soportar su mente inquieta. Al final, los proyectos experimentales le sirven como un ritual terapéutico para recolocar la cabeza, mientras sigue mirando al futuro sin demasiadas ínfulas de grandes tours porque sabe que la carretera también tiene sus trampas y vicios.
Al menos sigue vivo y escupiendo música, que ya es bastante para lo que han visto otros.
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