Lemmy Kilmister y compañía aparcaron su equipo en el estacionamiento de la cadena Central TV para tocar a un volumen absurdo frente a una audiencia de menores de edad. Aquel cinco de octubre de mil novecientos ochenta y cuatro arrancaba la gira del disco No Remorse, y a los productores de la emisora británica ITV se les ocurrió la brillante genialidad de invitar a la banda a su espacio matutino The Saturday Starship. El resultado fue un escándalo auditivo que provocó un aluvión de quejas vecinales por los brutales niveles de ruido registrados a plena luz del día.
Imagina la estampa: familias enteras tomando los cereales mientras por el tubo de rayos catódicos asoma el inconfundible líder escupiendo las estrofas de grandes clásicos. Lo que debía ser un simple segmento musical para entretener a la chiquillada se transformó en una exhibición de pura actitud callejera sobre el áspero asfalto inglés. Los responsables técnicos del programa comprobaron de primera mano que esta agrupación jamás supo lo que era un límite de ecualización, ni mucho menos adaptarse a las normativas cívicas de la zona residencial.
Más de cuatro décadas después de aquel incidente televisivo, el metraje restaurado con la interpretación de piezas inmortales llega a nuestras pantallas este inminente siete de mayo. Se recupera así un testimonio visual que captura la esencia más cruda del rock and roll sin filtros, demostrando la total indiferencia de los músicos frente a las buenas costumbres, dándoles exactamente igual si molestaban a los residentes colindantes o si desentonaban con el ambiente inofensivo del show.
Que sigan llorando los puritanos de aquel barrio, porque la huella de Lemmy es eterna y no existe ordenanza municipal capaz de silenciarla.
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