El líder de KISS, Paul Stanley, ha revelado en Gibson TV que su imperio de estadios llenos y pirotecnia nació de un berrinche acústico: al cumplir 13 años, el futuro "Starchild" esperaba una guitarra eléctrica para invocar al diablo, pero su madre le encasquetó una guitarra de nylon de segunda mano que escondió bajo la cama como si fuera un cadáver.
EL RESENTIMIENTO DEL NAILON
Fascinado por la peligrosidad de Eddie Cochran, Stanley se encontró con un instrumento que servía más para tocar "Los Campanilleros" que para fundir amplificadores. El impacto emocional fue tan severo que el pequeño Paul devolvió el mueble de madera a la oscuridad de debajo de su cama durante meses, negándose a aceptar que el rock and roll pudiera germinar en unas cuerdas que no daban ni calambre. Solo tras un periodo de luto y resignación, decidió que aquel trasto de segunda mano sería el primer peldaño de una escalera construida a base de no querer parecerse en nada a un guitarrista de conservatorio.
EL MILAGRO DE LAS 120 MONEDAS
Tras pasar por una copia barata de Vox que apenas recuerda, la redención llegó en una casa de empeños de Nueva York. Por la irrisoria cifra de 120 dólares, Stanley se hizo con una Gibson SG Les Paul de 1968 o 1969 con un trémolo Bigsby que los técnicos de la época despreciaban por deporte. Aquel trozo de caoba fue el fin de su etapa de "niño bueno" y el inicio de una carrera donde el volumen y el rímel taparían para siempre el recuerdo de aquella caja de cartón que casi frustra su destino de leyenda.
Hay traumas que se superan con terapia y otros que se superan vendiendo millones de discos con la cara pintada.
NOTA DEL DEPARTAMENTO
Es reconfortante saber que uno de los hombres que más guitarras ha partido contra el suelo empezó su carrera con una que le daba alergia solo de verla. Al final, el éxito de KISS no fue el talento, fue la venganza contra ese regalo de cumpleaños que no incluía un cable de jack.
CIERRE LAPIDARIO
El rock le debe más a la tacañería de los padres de Stanley que a su propia destreza con las seis cuerdas.
Menos mal que el nylon no era lo suyo, porque con una guitarra española el maquillaje de estrella le hubiera quedado muy de flamenco gótico.
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