Alissa White-Gluz ha decidido que ya basta de susurros de ascensor y ha soltado un latigazo sónico que ha dejado a medio internet buscando sus dientes por el suelo. Con una estética de puro metal gélido y más tachuelas que un taller de herrería, la jefa del gutural nos restriega por la cara "Checkmate", un corte que no es una canción, es una patada en la puerta para recordarle a todo el mundo quién maneja las blancas y quién las negras en este negocio.
La peña está flipando con el duelo de mástiles entre Alissa y Dani, un shredding técnico de esos que te hacen replantearte si tus dedos sirven para algo más que para rascarte la oreja. Mientras los peones se desvanecen entre el humo del escenario, ella se planta con una lírica afilada como un cuchillo de carnicero sueco, dejando claro que el poder no se hereda, se arrebata a golpe de berrido y actitud de acero. Si buscabas una balada para llorar por las esquinas, te has equivocado de código postal; aquí se viene a morder el polvo o a ganar la partida.
No falta la clásica horda de fans desde el otro lado del charco con el sempiterno "Come to Brazil", gente que tiene el pasaporte en la mano y el dedo pegado al teclado antes incluso de que la primera nota del bajo empiece a vibrar. Parece que para algunos, si no cruzas el charco y aterrizas en su patio, la partida de ajedrez no ha terminado de empezar, aunque Alissa ya les haya hecho un mate de pastor desde el primer segundo del vídeo.
Hay quien todavía cree que el silencio es una opción, pero con este nivel de decibelios, lo único que queda es aprender a gesticular entre las sombras.
Cuando la reina se mueve así, a los demás solo nos queda recoger los trozos de madera del suelo y dar las gracias.
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