Se nos están yendo los grandes demasiado rápido, como si hubieran montado un festival privado allá arriba y no hubieran pasado el enlace del evento. El Chepas se lleva sus dedos mágicos, pero nos deja una herencia de rock puro, sin conservantes ni tonterías, de esa que te hace sentir eterno cuando no tienes ni un duro en el bolsillo. No esperéis discursos blandos ni despedidas de manual; aquí lo que toca es beberse su memoria a sorbos de rock, recordando las mil historias que este fenómeno lidió sobre las tablas.
La noticia ha caído como un jarro de agua fría, pero como dicen por ahí, que mantenga las birras en la nevera porque tarde o temprano acabaremos todos en la misma barra. El "Chepas" no era un guitarrista cualquiera; era el alma de Lujuria, un tipo que entendía que el rock es actitud o no es nada. Su sonrisa tranquila y su forma de entender la música han dejado el alma de sus compañeros en carne viva, pero el veneno de sus composiciones seguirá retumbando mientras quede un amplificador encendido.
Seguro que ya está afinando en algún lugar donde no existen las prisas ni las malas caras, recordándonos que la muerte es solo ese silencio incómodo que hay entre dos temazos. Se ha marchado un fundador, un compañero y un tipo que hizo del heavy metal su bandera hasta el último suspiro.
Vete preparando el equipo, Chepas, que el ruido aquí abajo no va a parar por mucho que te echemos de menos.
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