Tras dejarse la piel en la gira de diciembre de 2025 atiborrado de pastillas para que los riffs no sonaran a hospital, los médicos han soltado el dato que nadie quería oír pero que a Ginger parece importarle lo mismo que un solo de flauta en un concierto de punk. El tipo tiene una cepa de cáncer rara y violenta, pero en lugar de quedarse en casa mirando el techo, ha decidido que lo mejor para su salud es seguir aporreando la guitarra y soltando bilis creativa para los próximos discos de The Wildhearts y sus movidas en solitario. El sistema linfático de Ginger está a punto de aprender que meterse con un rockero de la vieja escuela es la vía más rápida hacia la extinción por pura testosterona sonora.
La gira de primavera de 2026 no se toca ni por orden judicial ni por amenaza biológica, con un itinerario que va a reventar Hangar 34 en Liverpool y terminará de demoler Escocia a finales de mayo. Mientras el resto del mundo se pondría a redactar testamentos, este animal está cerrando los detalles de su próximo lanzamiento con Snakefarm/Universal, dejando claro que si el cáncer quiere guerra, va a tener que subirse al escenario y aguantar el volumen al once. Si las células cancerígenas esperaban una acogida cálida, se van a encontrar con un muro de Marshall y un líder que no sabe lo que es rendirse.
Nota del Departamento
Se comunica formalmente a la enfermedad que ha cometido un error de cálculo táctico monumental al intentar colonizar a un hombre que desayuna desprecio por la autoridad. Ginger tiene más planes de futuro que el sistema sanitario británico capacidad de reacción y la dirección confirma que aquí solo va a encontrar una derrota humillante ante miles de fans.
Al Linfoma le quedan dos telediarios antes de ser expulsado a patadas por un acorde de quinta.
GINGER SIGUE EN PIE Y AL QUE NO LE GUSTE QUE SE JODA
Foto de GingerGarage3 , vía Wikimedia Commons .
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