En el videoclip, la banda se planta en plena cabina de mando con una actitud pasota envidiable, gafas de sol incluidas, mientras navegan por un cosmos de efectos visuales que huelen a serie B de la buena. Piet Sielck demuestra que su voz tiene el cuerpo necesario para darle una vuelta de tuerca al estribillo más pegajoso de la historia, apoyado por una muralla de guitarras que convierte la pista de baile en un mosh pit intergaláctico. Es una exclusiva sonora que rompe con lo esperado, dejando claro que estos veteranos saben cómo divertirse sin perder ni un ápice de su pegada profesional.
La ejecución técnica de Joachim Küstner, Jan-Sören Eckert y Patrick Klose es impecable, logrando que un tema de pop ochentero suene como un himno de guerra espacial. No hay espacio para la nostalgia barata ni para medias tintas; es una declaración de intenciones sobre cómo apropiarse de un clásico y hacerlo sonar con una mala leche que ríete tú de la versión original.
Si piensas que bailar como un loco es cosa de gimnasio, es que no has escuchado a estos tipos machacar el doble bombo en gravedad cero.
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