La vocalista de Blue Medusa ha soltado una de las perlas más brutales sobre su salud mental: lleva años sin teclear su propio nombre en un buscador para no contaminar su esencia con el ruido tóxico de la red. En un ejercicio de autocontrol que roza lo místico, Alissa ha confesado que no tiene el más mínimo interés en saber qué se dice de ella, de su música o de su imagen en el agujero negro de Internet. Para ella, la opinión ajena es un terreno pantanoso que prefiere no pisar, dejando que sean sus amigos de toda la vida los únicos que le filtren si hay algo "realmente importante" que deba saber.
Esta desconexión digital no es un postureo, es una estrategia de supervivencia profesional. Alissa tiene claro que si empiezas a creerte los halagos o a hundirte con los insultos, acabas traicionando a la artista que llevas dentro. Su filosofía es lapidaria: si alguien se toma la molestia de escribir un comentario cargado de bilis, esa persona es la protagonista de su propia película de mierda, no ella. "Nadie piensa tanto en ti como tú mismo", sentencia la cantante, recordándonos que mientras un hater gasta energía en odiarla frente a una pantalla, ella ya está en el siguiente escenario o cosiendo su próximo outfit de batalla.
Ese pasotismo ilustrado hacia los buscadores y las tendencias es lo que le permite mantener una autoconfianza de acero. Alissa prefiere que la gente le demuestre quién es en el tú a tú, cara a cara, sin prejuicios masticados por un algoritmo. Esta es la exclusiva que no verás en los rankings de clics: la mujer más influyente del metal actual vive en un búnker psicológico donde Google no tiene las llaves, demostrando que para ser la jefa del negocio, primero hay que aprender a ignorar el eco vacío de la red.
A partir de ahora, que se preparen en Silicon Valley, porque todos los fans de verdad van a empezar a pasar de Google para conectar con la realidad.
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