David Lee Roth, el incombustible y siempre excéntrico vocalista de Van Halen, ha soltado la liebre: hace ocho meses que vendió todo su catálogo editorial y, por lo que cuenta, ahora mismo tiene la cuenta corriente con más músculo que nunca. En una charla fiel a su estilo —mezclando filosofía de teatro y anécdotas de formación clásica—, el rubio platino ha confesado que, tras una vida dedicada a los escenarios, por fin experimenta lo que es sentir la "riqueza" de verdad, pudiendo frotar dos monedas y ver cómo generan intereses por sí solas.
Roth, que siempre ha sacado pecho por haber escrito cada nota y cada palabra que salió de su boca en la etapa dorada de la banda, justifica este movimiento como el cierre de un ciclo de artesanía pura. Según el cantante, él y Eddie Van Halen no eran simples estrellas de rock, sino tipos formados por profesores europeos de los que te daban un guantazo si fallabas una nota, lo que le dio esa disciplina espartana para repetir las cosas hasta que "el zapato encaja". Esa repetición obsesiva es la que ha convertido sus temas en clásicos que ahora valen una fortuna en el mercado.
A pesar de que para muchos fans desprenderse de los derechos de himnos generacionales es como vender los muebles de la abuela, a Diamond Dave no le tiembla el pulso. Para él, esto no es una "carrera" para contentar a los padres, sino un oficio de artesano que ha llegado a su punto de mayor rentabilidad. Mientras el resto del mundo sigue analizando la estructura de sus acordes europeos, él se dedica a disfrutar de la jubilación dorada que se ha ganado a base de saltos y mucha chulería.
Parece que el amigo David ha preferido el brillo del metal en el banco que el de los discos de oro colgados en la pared.
Si el tito Roth dice que se siente rico, es que ahora tiene más billetes que un Monopoly y más ganas de gastarlos que un marinero recién desembarcao.
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