Ferdi, el batería y cerebro estratégico de Vanta, suelta la lengua sobre su debut de larga duración, un artefacto sonoro que escupe sobre la selección natural para imponer una dictadura de riffs extremos y oscuridad total. El aporreador de parches de Perth deja claro que lo suyo no es solo ruido para asustar a los vecinos, sino un proyecto con una visión visual y narrativa que dejaría en ridículo a más de una superproducción de Hollywood. Tras un par de semanas en la calle, el disco está cosechando elogios y alguna que otra rabieta de los que no aguantan el metal de verdad, algo que a la banda le importa entre poco y nada mientras los números de streaming sigan subiendo como la espuma.
La propuesta de estos tipos es un cóctel molotov de death metal melódico europeo a la vieja usanza mezclado con la mala leche del sonido americano moderno, metiendo en la coctelera influencias que van desde el misticismo negro de Behemoth hasta la precisión quirúrgica de Lorna Shore. Ferdi, que se mueve profesionalmente en el mundillo de la publicidad, ha diseñado Vanta como una marca total donde la música y la estética van de la mano para golpear la realidad con la fuerza de un martillo hidráulico. Nada de lo que escuchas es relleno; cada nota está ahí para subrayar una narrativa de colapso social y renacimiento, creando una atmósfera de cine post-apocalíptico que te sumerge en un mundo propio de supervivencia y agresividad técnica.
En el seno de la banda la organización es militar pero sin uniforme: uno lleva las cuentas, otro los datos y Ferdi se encarga de que todo el mundo se entere de que Vanta ha venido para quedarse. El apoyo de la escena local en Perth ha sido el combustible necesario para lanzar este ataque sonoro que busca crear un espacio de descarga absoluta en sus directos, donde la conexión con el público es el objetivo final. No buscan salvar el mundo, sino ponerle banda sonora a su decadencia con una honestidad brutal que se aleja de cualquier cliché comercial.
Si la sociedad se empeña en perpetuar el sufrimiento, Vanta tiene la respuesta perfecta: subir el volumen hasta que los problemas parezcan solo estática de fondo.
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