W.A.S.P. va a reventar el mercado de la nostalgia con la gira 1984 To Headless, un invento donde Blackie Lawless pretende que sus cuatro primeros discos salten de la carátula directamente a las tablas.
El líder de la formación ha decidido que ya basta de giras a medio gas y se ha propuesto materializar el imaginario de sus obras más emblemáticas en un despliegue que, según jura, solo pasará una vez en la historia. El plan es que la peña no solo escuche los temas que definieron una época, sino que se sienta dentro de una pesadilla visual que recrea físicamente los decorados que escandalizaron al mundo hace cuatro décadas.
Es un movimiento de pura chulería que deja claro quién manda en el teatro del asfalto, apostando por una puesta en escena bombástica que dejará a los montajes modernos a la altura de una función de colegio. Lawless, que siempre ha tenido más calle que un semáforo, sabe que para mantener el interés hay que dar algo más que una simple lista de canciones, y por eso ha diseñado un espectáculo donde la escenografía cobrará vida propia. No hay espacio para la sutileza ni para los remilgos; el objetivo es recuperar esa mística de peligro y sudor que los hizo intocables en los ochenta, construyendo una atmósfera que mutará según el álbum que toque defender.
Se trata de un testamento visual único que rescata la esencia más cruda de la banda, confirmando que si vas a mirar por el retrovisor, mejor que sea con el acelerador a fondo y quemando el escenario para que nadie pueda pisar tus huellas. A estas alturas, Blackie no necesita permiso de nadie para recordarnos que el entretenimiento de verdad se hace con atrezo, actitud y una buena dosis de descaro, dejando claro que el que quiera algo discreto se ha equivocado de sitio y de década.
Si esperabas un recital tranquilito para tomar notas, mejor quédate en casa repasando el álbum de fotos, porque Blackie viene a deslumbrarte y no tiene la menor intención de pedir perdón por el ruido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario