Dave Navarro, el icónico hacha que ha dejado su impronta en bandas de la talla de Jane's Addiction, Red Hot Chili Peppers y The Panic Channel, ha dado un paso al frente para rescatar a su colega Jason Clay Dunn tras un trasplante de hígado de vida o muerte. El músico, que también fue el rostro visible de Ink Master, ha utilizado su altavoz mediático para frenar el desastre financiero que acecha al tatuador después de pasar por el quirófano. Navarro sabe que en este mundillo las facturas médicas no perdonan y ha pedido a sus seguidores que pasen por el enlace de su biografía para que el ganador de la segunda edición del concurso de tatuajes no termine hundido por las deudas mientras intenta que su nuevo órgano no le dé problemas.
La conexión entre ambos se fraguó entre cámaras y agujas, donde Navarro fue testigo directo de los altibajos de un Jason que siempre vivió al límite de sus nervios. Ahora, con el trasplante ya realizado, el peligro no está solo en la mesa de operaciones, sino en la montaña de gastos que genera una recuperación de este calibre en un sistema sanitario que te exprime hasta el último aliento. El guitarrista, curtido en mil batallas sobre el escenario y en estudios de grabación, ha dejado claro que la prioridad es eliminar el estrés financiero para que el artista pueda volver a centrarse en su arte con un hígado que, por fin, funcione como es debido.
Es un gesto de pura fraternidad dentro de la escena; un tipo que ha tocado el cielo con sus riffs apoyando a quien ha sabido plasmar el arte en la piel bajo la presión más absoluta. Navarro ya ha avisado: quiere ser el primero en la lista para que Jason le tatúe algo nuevo en cuanto recupere el pulso. De momento, la colecta está abierta para evitar que la realidad postoperatoria se convierta en una pesadilla peor que cualquier programa de televisión.
Al final, resulta que la cicatriz más difícil de cerrar para un artista no es la del bisturí, sino la que deja el banco cuando te juegas la vida.
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