Kiko Loureiro confiesa que su colegio quiso mandarlo al manicomio tras leer una redacción sobre festivales donde los cantantes devoraban murciélagos. El ex de Megadeth ha soltado la lengua en una charla donde lo mismo te habla de escalas que de cómo Dave Mustaine tiene el cortijo montado para que nadie se salga del tiesto.
La cosa tiene mandanga. Imagínate a un Kiko adolescente en Brasil, escribiendo para clase sobre el barro y las guitarras afiladas. Los profesores, que debían de ser más sosos que un puchero sin sal, llamaron a su madre llorando porque el chiquillo "no estaba bien de lo suyo". Menos mal que la mujer, en vez de llevarlo a terapia, le compró una eléctrica. Si es que en el fondo, una madre sabe que un hijo rockero es mejor que uno que no sabe ni por dónde le da el aire.
El trauma escolar:
Su primera redacción sobre metal fue tan explícita que el colegio le sugirió a su madre un psicólogo. Kiko solo estaba describiendo lo que veía en las revistas europeas —tíos comiendo bichos y ruido del bueno—, pero para los académicos aquello era una invitación al exorcismo.
La dictadura del riff de Mustaine:
Aprender con Dave es como ir a una academia militar pero con melena. Kiko cuenta que en Megadeth la creatividad está acotada a "lo que la marca necesita". Si te pones a tocar una samba o un tango en un ensayo, Dave te mira como si hubieras pedido una ensalada en una barbacoa. Allí se va a por el riff efectivo y a piñón fijo para no espantar a los fans.
El misterio de los dedos zurdos:
Kiko es zurdo de nacimiento. Cuando cogió la guitarra por primera vez, la agarró al revés. Su profesor le soltó un "así no vas a ningún lado" y lo obligó a tocar como un "normal". Al final, el chiquillo le robó las horas de clase a su hermana porque ella se aburría y él tenía más peligro que un mono con dos pistolas.
Vivir en la oscuridad finlandesa:
Ahora vive en Finlandia, un sitio donde si ves el sol tres días seguidos te dan un premio. Dice que se siente como en casa porque de joven ya se encerraba en su cuarto a oscuras para tocar la guitarra, así que el invierno polar no le pilla de susto.
El método "Juan Palomo":
Su filosofía para componer es simple: si algo te suena bien, grábalo y no le des más vueltas. Ayuda a otros músicos a perder el miedo a quedar en evidencia, porque dice que ser creativo es ponerse en una posición más vulnerable que un costalero en agosto.
Al final, Kiko ha pasado de ser el "loco" de la clase al guitarrista que le decía a Mustaine cómo poner las luces en el escenario. Mucho arte, mucha disciplina y ni un pelo de tonto.
Si es que ya lo decía mi abuela: "niño, deja la guitarrita que te vas a quedar trastornado", y mírale a él, recorriendo el mundo y viviendo del cuento... pero del cuento del bueno.
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