Six Feet Under se han cansado de ser los tipos que simplemente aparecen en los créditos y han parido Next To Die, su álbum número quince, que es básicamente un bofetón de realidad para los que pensaban que ya no tenían nada que decir. La jugada maestra de Chris Barnes y Jack Owen ha sido dejarse de experimentos raros y separar el material en dos caras: una que te pasa por encima a toda velocidad y otra cargada de ese groove pantanoso que te obliga a mover el cuello quieras o no, rescatando la esencia de sus primeros años en los noventa.
La exclusiva aquí no es que sigan vivos, sino cómo han vuelto a conectar esos cables que se soltaron hace décadas. Jack Owen se puso a escribir como un poseso temas de pura agresión, pero Barnes, con ese instinto que tiene para lo que funciona en la calle, le frenó los pies para inyectar una dosis masiva de cadencia pesada. El resultado es Mutilated Corpse in the Woods, un tema que no necesita explicaciones técnicas porque se siente en el pecho; es el sonido de alguien que sabe exactamente dónde enterrar los secretos para que nadie los encuentre.
Lo mejor de todo es que estos dos no se sientan a discutir sobre metáforas baratas. Cada uno escribe lo que le sale de las entrañas, graban en Nashville con Mark Lewis y dejan que sea el oyente el que se busque la vida interpretando el desastre. Barnes pasa olímpicamente de explicar de qué van las canciones porque, según él, eso le quita la gracia al asunto. Prefiere que te metas en el bosque tú solo y veas si sales de una pieza.
Con la portada de Sandy Rezalmi dando pistas de lo que te espera y una gira que va a patear escenarios entre 2026 y 2027, la banda deja claro que no están aquí para pedir permiso. Han hecho un disco que les gusta a ellos y, de paso, nos dan lo que llevábamos tiempo pidiendo: menos postureo y más mugre sonora de la buena.
Si no te gusta el aroma a tierra húmeda y cuero viejo, mejor quédate en casa escuchando la radio.
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