Vaya papeleta se han comido los chavales de 1914 al cruzar la frontera italiana. Después de marcarse un concierto de categoría, se las prometían muy felices volviendo a casa con la recaudación para sus cosas, pero no contaban con que la Guardia di Finanza se iba a poner más tiquismiquis que una suegra mirando el polvo de encima del armario. Los agentes los pararon y, con un arte que ya quisieran algunos, les hicieron un registro que ni si llevaran el tesoro del Galeón San José en la furgoneta. El problema vino cuando vieron una caja llena de billetes, que según la banda era para comprar suministros y ayuda en su tierra, pero para los carabinieri aquello olía a "aquí pillamos cacho nosotros".
Al final, la broma les ha salido por 4.800 euros de multa, una retención que les ha dejado la cara más blanca que a un guiri en la Feria de Abril a las cuatro de la tarde. Los músicos intentaron explicar por activa y por pasiva que el dinero era legal, que no superaban el límite por cabeza y que tenían todos los papeles en regla, pero a los agentes les entró un ataque de sordera súbita. Ni llamadas a abogados ni nada; allí se aplicó el "artículo 29" por la cara y se quedaron con la manteca bajo el concepto de sanción. Los pobres ucranianos tuvieron que leer el acta oficial traducida con el Google Traductor, que ya sabemos que traduce igual de bien que un niño de tres años con un polvorón en la boca.
Es para mear y no echar gota: los tíos pagando sus impuestos, enseñando los contratos de los conciertos y, aun así, la pasma italiana decidió que esa caja de caudales estaba mejor custodiada en las arcas del Estado que en manos de unos metaleros con barba. Menudo "regalito" de despedida se han llevado de la bota de Europa. Los de 1914 han soltado su mosqueo en redes diciendo que los agentes se habrán quedado bien a gusto con el botín, porque lo que es justicia, han visto poquita. Se ve que en Italia, como te vean con un fajo de billetes y no lleves puesto un traje de Armani, te miran con más sospecha que a un gato en una carnicería.
A estos pobres les han hecho el lío de tal manera que, la próxima vez que pisen Italia, van a llevar el dinero escondido hasta en los calcetines para que no les vuelvan a desplumar con tanta elegancia.
A ver si con esos cinco mil pavos los agentes se pagan un curso de inglés, que lo de usar el Google Traductor para poner multas es de tener la cara de cemento armado.

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