La jugada maestra de Graves para este año incluye el God Bless America Tour, una gira que ha tenido que improvisar por "necesidad" tras el desastre de su tour europeo cancelado, donde dice que el ambiente era tan violento que temía por su integridad física. Nada de bandas ruidosas; se presenta solo con su guitarra acústica en un formato íntimo de "storytelling" donde mezcla música con testimonios personales, anécdotas de su época con los Misfits y batallitas con personajes como Macho Man.
El tío está tan convencido de su camino que se queda en el puesto de merchandising desde que abren las puertas hasta que cierran para hablar con todo el que pase, dándole igual que le llamen Nazi, racista o "Proud Boy". Para Graves, ser de derechas es el nuevo punk rock y se compara con Juan el Bautista, defendiendo su integridad y soltando que los que le critican están infectados por un "virus" ideológico que les impide ver al ser humano detrás del mito.
En la charla también hubo hueco para la nostalgia técnica recordando el proceso de 'I Don't Want To Be A Superhero' para Roadrunner United, donde confesó que tuvo que poner a Matt Heafy de Trivium a escuchar a Bad Religion porque el chaval no tenía ni idea de punk.
Lo más surrealista del asunto es cómo un icono del horror punk termina llorando por las esquinas digitales porque en Europa no le quieren ni ver, cancelando fechas por miedo a que la cosa se ponga fea. En la entrevista también saca pecho recordando su colaboración con Matt Heafy de Trivium en aquel proyecto de Roadrunner United, demostrando que talento le sobra, aunque ahora prefiera usarlo para "extender el reino" en lugar de para montar pogos. Si alguien buscaba peligro y rebelión, mejor que mire hacia otro lado, porque aquí lo único que va a encontrar es una guitarra de madera y mucha charla motivacional.
Ahora, entre menciones a la muerte de Charlie Kirk y su obsesión con el blockchain y la Web3 para conectar con los fans, Graves deja claro que prefiere "extender el reino de Dios" que seguir peleando en una escena que, según sus palabras, solo busca la destrucción y el caos. Es el retrato de un icono que ha decidido que los cementerios ya no son tan divertidos como las sacristías si hay que aguantar insultos en Twitter.
Vaya papelón el de cambiar los cementerios por las sacristías solo porque cuatro trolls te amargan el desayuno en Twitter.
Si quieres ver al monstruo, mejor búscalo en el confesionario, porque a los garitos de mala muerte ya no vuelve ni aunque le paguen en oro.
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