Las vivencias del bajista rozan el esperpento en su travesía junto a Ozzy Osbourne. Tras huir del régimen cubano, Sarzo giró por Europa totalmente indocumentado y sin pasaporte, cruzando fronteras continentales con un simple papel de reentrada estadounidense y el estatus legal de apátrida refugiado. El día posterior a su prueba con el Príncipe de las Tinieblas, Ozzy contempló la vestimenta del músico, le soltó sin anestesia un rotundo "pareces una porquería", vació su propia maleta repleta de ropajes icónicos sobre una mesa de billar y le regaló las prendas con las que Sarzo posó en su primera sesión fotográfica oficial. Esa misma noche, tras quedarse durmiendo vestido en un pabellón de la mansión de la familia de Sharon por puro pánico a que los guardias de seguridad le pegaran un tiro, despertó para desayunar junto al temido magnate de la industria Don Arden. El imponente gran danés de la casa, bautizado Jet, se abalanzó sobre el plato de Rudy para zamparse su comida en sus propias narices, a lo que el temible capo discográfico reaccionó dictaminando que, si al perro le caía bien, el chico quedaba oficialmente aceptado.
Lejos de vivir del pasado, el veterano músico desmiente las teorías conspiratorias que rodearon la fatalidad aérea de Randy Rhoads a través de sus más de trescientas páginas escritas para limpiar la memoria de su amigo, asegurando que dejó de sentir su presencia espectral en sueños justo al publicar el texto. Además, defiende abiertamente la tecnología moderna de asistencia computacional para rescatar maquetas de hace más de tres décadas, evitando desembolsar los diez mil dólares por canción que exige hoy día un estudio tradicional con instrumentistas y productores. De este modo ha adaptado composiciones escritas para su esposa desde una perspectiva madura, retratando la crudeza de la carretera y el compromiso vital. Mientras la banda recorre los escenarios interpretando únicamente sus joyas multiplatino, Sarzo demuestra que para sobrevivir a la jungla del rock hay que tener más vidas que un gato y bastante menos vergüenza que los ejecutivos de corbata.
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