Jack Osbourne y su mujer Aree han decidido que el mundo no tenía suficiente con el caos genético de su árbol genealógico y han presentado en sociedad a Ozzy Matilda Osbourne, la nueva heredera de un imperio levantado a base de murciélagos decapitados y reality shows que nos hicieron perder la fe en la evolución humana.
GENÉTICA DE REALITY Y PAÑALES CON PURPURINA
Sharon Osbourne, la matriarca que ha sobrevivido a décadas de excesos de Ozzy y a las cancelaciones de la televisión moderna, ya tiene un nuevo juguete con el que perpetuar el apellido. Jack, que pasó de ser el niño problemático de MTV a un padre de familia que parece haber olvidado lo que es una noche de fiesta, nos lanza esta "exclusiva" para recordarnos que, aunque el Príncipe de las Tinieblas apenas pueda balbucear, su linaje sigue reproduciéndose con la eficacia de una plaga de jardín. La pequeña Ozzy Matilda nace con el nombre de su abuelo tatuado en el destino, probablemente preparada para que, en cuanto aprenda a caminar, le pongan un micrófono y un contrato para su propio programa de telerrealidad.
En esta familia, los bebés no nacen con un pan bajo el brazo, nacen con una cláusula de confidencialidad y un agente de prensa.
EL NOMBRE COMO ESTRATEGIA DE MARKETING GENÉTICO
Llamar a una niña "Ozzy Matilda" no es un homenaje, es una declaración de intenciones comercial. Jack y Aree saben perfectamente que el nombre del abuelo vende más que cualquier otra cosa en esa casa, asegurando que la niña sea tendencia antes de que sepa usar el orinal. Mientras Sharon posa con la sonrisa de quien sabe que el relevo generacional está garantizado para seguir vendiendo merchandising, el mundo observa cómo la dinastía Osbourne se niega a abandonar los titulares, reciclando nombres y leyendas para que el apellido no termine enterrado en el baúl de los recuerdos de los años ochenta.
La pobre criatura aún no sabe que su nombre es el último clavo ardiendo al que se agarra el legado de una estrella que ya no sabe ni en qué año vive.
Nota del Departamento: Es conmovedor ver a tres generaciones de Osbournes juntas; la primera apenas se mantiene en pie, la segunda intenta parecer madura y la tercera ya tiene nombre de marca de ginebra barata o de gira de despedida eterna.
En el árbol genealógico de los Osbourne, las manzanas no caen lejos del árbol, caen directamente en el despacho de un abogado de derechos de imagen.
Bienvenida al mundo, Ozzy Matilda; prepárate, que tu primera entrevista exclusiva es en diez minutos.
Foto de Gage Skidmore , disponible en Flickr, bajo licencia CC BY-SA 2.0 .
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