La multinacional del maquillaje y las finanzas, anteriormente conocida como banda de rock, ha decidido que medio siglo de comercializar el mismo truco es el pretexto perfecto para lanzar una ofensiva de merchandising que haría llorar de envidia a cualquier banco de inversión.
Ingeniería de la Nostalgia de Plástico
Gene Simmons y su equipo de contables disfrazados de músicos han desempolvado las cintas de 1976 no para escuchar la música, sino para calcular cuántas variantes de vinilos de colores pueden imprimir antes de que el mercado de la nostalgia colapse. La "Destroyer 50th Anniversary Collection" se presenta como una oportunidad única para que los fans adquieran productos exclusivos que, por una coincidencia cósmica, sirven para financiar el retiro dorado de unos señores que llevan despidiéndose de los escenarios desde antes de la invención del wifi. El portal oficial se ha transformado en un escaparate de consumismo desenfrenado donde el "Rock and Roll All Nite" ha sido sustituido por el "Transacciones All Day".
La lengua de Gene ya no busca micrófonos, ahora detecta el chip NFC de tu tarjeta a diez metros de distancia.
El Reclutamiento del Ejército de Donantes
Unirse al "KISS Army" ha pasado de ser un acto de rebeldía juvenil a convertirse en una suscripción premium a un catálogo de suministros para el hogar con logos impresos. La invitación a formar parte de sus filas no es más que el primer paso en un embudo de ventas diseñado para que el seguidor promedio termine comprando desde una edición de lujo del disco hasta calcetines con la cara de un gato que ni siquiera es el original. Es una lección magistral de profesionalismo empresarial: KISS no vende canciones, vende la ilusión de que poseer un trozo de plástico de 1976 te hace más joven, mientras tu cuenta bancaria envejece prematuramente por el esfuerzo financiero.
En Detroit Rock City no hay baches, solo hay terminales de pago que aceptan criptomonedas y órganos vitales.
Nota del Departamento de Auditoría de Leyendas Resulta admirable cómo una banda puede celebrar 50 años de un disco fingiendo que todavía les importa la música, cuando lo único que han afinado en las últimas décadas es el algoritmo de su tienda online. Si el "Destructor" realmente llegara, lo primero que destruiría sería el límite de crédito de sus seguidores más fieles.
No necesitas maquillaje para ocultar tu cara de asombro cuando veas los gastos de envío de la edición de coleccionista.
Pagar el alquiler es opcional, pero tener la edición en oro de un disco que ya tienes cinco veces es estrictamente profesional.
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