Jordi Ramiro, el hombre que ha pasado más de tres décadas golpeando parches para Shuarma, anuncia su espantada definitiva de Elefantes justo cuando la nostalgia empezaba a ser rentable, dejando claro que su "ilusión" ya no cabe en el mismo escenario que sus antiguos compañeros.
El desguace de una relación eterna Ni las bodas de plata ni la supervivencia al olvido han sido suficientes para retener a Ramiro en el zoo del pop nacional. Tras 32 años de servicio ininterrumpido —una condena más larga que la de muchos delincuentes juveniles—, el batería ha decidido que el "tesoro de experiencias" pesa demasiado para seguir cargándolo. El dato perturbador no es la marcha en sí, sino el gélido "punto y seguido" que lanza a la cara de una audiencia que pensaba que los Elefantes eran una especie protegida contra el paso del tiempo.
El arte de huir sin mirar atrás La narrativa oficial destila ese almíbar de "crecimiento personal" que suele ser el código técnico para "no soporto un ensayo más". Jordi asegura que busca lugares que le "ilusionan más", una bofetada con guante de seda que sitúa a su antigua banda en la categoría de mueble viejo que ya no combina con la decoración de su nueva vida. Mientras sus excompañeros se quedan con el nombre y el inventario, él se lleva el ritmo a otra parte, dejando el corazón del grupo con una arritmia difícil de ocultar en los próximos directos.
La nueva etapa del desertor musical Con la elegancia de quien abandona un barco antes de que se convierta en museo, Ramiro promete novedades que "pronto compartirá", confirmando que el luto musical durará lo que tarde en configurar su nuevo set de percusión. No hay adiós, solo un desplazamiento táctico hacia otros pastos donde no tenga que tocar "Azul" por millonésima vez. El orgullo y el agradecimiento son los adornos de un comunicado que, desgranado hasta el hueso, suena a liberación absoluta tras media vida bajo la sombra del paquidermo.
Nota del Departamento de Zoología Musical: Se advierte a los fans que el grupo Elephantidae suele entrar en depresión cuando un miembro del clan decide que prefiere ser un lobo estepario. Se recomienda no preguntar por Jordi en los bises si no quieren ver lágrimas de rímel en el escenario.
Treinta años juntos para acabar enviando un "os deseo suerte" por redes sociales.
Tagline satírico final: Jordi Ramiro rompe la fila india y demuestra que, a veces, para avanzar hay que dejar de seguir al elefante de delante.
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