El siempre pretencioso Maynard James Keenan, no contento con hacernos esperar décadas por un disco de Tool, ha decidido reactivar su juguete de art-rock, Puscifer, para presentarnos a Dick Merkin en un podcast que parece un viaje de ácido mal gestionado en el sótano de una tienda de pelucas.
EL EGO MULTIFACÉTICO Y LAS PELUCAS DE SALDO
Bajo el nombre de Dick Merkin, Maynard vuelve a demostrar que tiene demasiado tiempo libre y un presupuesto excesivo para disfraces ridículos. En este tercer episodio de "Tales From The Pusciverse", el vocalista se sumerge en una narrativa que mezcla la ciencia ficción de serie B con un humor que solo él y sus cuatro amigos en el viñedo parecen entender. Mientras el mundo espera algo con sustancia, Keenan nos ofrece sketches crípticos y personajes absurdos que esconden, tras capas de maquillaje y peluquines, una necesidad desesperada de ser visto como un "artista incomprendido" y no como un simple cantante que ya no quiere llegar a las notas altas.
Parece que Maynard ha descubierto que es más fácil ponerse una nariz postiza que escribir un riff que no suene a 1996.
PODCAST PARA ÉLITES DE BASTONCILLO Y VINO CARO
La producción de este "Prodcast" —porque ponerle nombre normal sería demasiado convencional para su majestad— es un despliegue de estética retro-futurista que intenta ocultar la falta de contenido real. Con Dick Merkin como maestro de ceremonias, Puscifer sigue explotando ese nicho de fans que analizan cada eructo del cantante como si fuera una profecía de Nostradamus. Es el marketing de la confusión: si no lo entiendes, es que no eres lo suficientemente "cool", cuando la realidad es que probablemente no hay nada que entender más allá de un ego que necesita ser alimentado con visuales extraños y voces distorsionadas.
En el Pusciverse, la lógica es una invitada que nunca recibió la dirección de la fiesta.
Nota del Departamento: Resulta admirable la capacidad de este hombre para vender basura empaquetada como arte vanguardista mientras nos mira a todos por encima del hombro desde su bodega de Arizona.
Maynard James Keenan ha pasado de ser la voz de una generación a ser el abuelo raro que se disfraza en el garaje y te obliga a ver sus videos caseros.
Si Dick Merkin es la respuesta, es que la pregunta era tan estúpida que no merecía ser formulada.
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