Han soltado a la bestia. Alissa White-Gluz vuelve a demostrar por qué sigue liderando el panorama con su nuevo proyecto, Blue Medusa, soltando en la red su tercer single bajo el título de "Crocodile". Con una cadencia que corta la respiración, el tema no busca la obviedad del susto fácil, sino que prefiere cocer a fuego lento la paranoia. Ese sudor frío que te recorre la nuca cuando sabes que algo no va bien, pero aún no puedes verlo. Así lo describe la propia Alissa: la tensión exacta entre lo que ves y lo que intuyes, ese instinto primario de saber que estás siendo observado desde las sombras por algo que aguarda su momento para atacar.
Musicalmente, "Crocodile" es un ejercicio magistral de agresividad contenida que explota cuando menos te lo esperas, abordando temáticas densas: manipulación, sectas, falsos profetas y esa hipocresía que viste de virtud a quienes, en realidad, solo buscan el control absoluto. El depredador de la canción no es un reptil de escamas literales, sino la encarnación de la tiranía y la doble moral, sumergiéndose en un pantano de metáforas acuáticas donde las mentiras ahogan y el silencio muerde.
Alissa ruge con intención: "Just when you thought you could break me, I surfaced with a smile. Gaze upon me, Crocodile."
La banda de acompañamiento que ha reclutado para este tercer envite —con nombres como Alyssa Day y Alicia Vigil— no es un simple capricho de estudio, sino una máquina perfectamente engrasada lista para destrozar escenarios en la próxima temporada de festivales europeos. Y ojo al detalle que no pasa desapercibido en el espectacular videoclip co-dirigido por Vicente Cordero: la señorita White-Gluz empuñando una bestia de seis cuerdas nacida de una colaboración a tres bandas con Sea Shepherd y el incombustible Doyle Wolfgang Von Frankenstein, sumando además la retorcida imaginería visual y gutural de Beatriz Mariano de Okkultist.
El agua parece en calma, pero todos sabemos que el silencio tiene la mordida más afilada.
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