Hay imágenes que un músico puede tardar toda una vida en olvidar. Para Tony Iommi, una de ellas fue ver aparecer a Ozzy Osbourne en los ensayos de Back to the Beginning, el concierto que reunió por última vez a la formación original de Black Sabbath. El hombre que durante décadas había corrido, saltado y dominado los escenarios llegaba en unas condiciones físicas que dejaron sin palabras a sus antiguos compañeros.
«Fue horrible verlo así. Nos quedamos sin palabras», recuerda el guitarrista durante una extensa conversación con Krishnan Guru-Murthy en Ways to Change the World, el pódcast de Channel 4 News. La entrevista repasa una vida dedicada a la música, desde los primeros días en el Birmingham industrial hasta el legado de Black Sabbath, pero encuentra su momento más doloroso cuando Iommi reconstruye el reencuentro con su viejo amigo.
No se habían visto en persona desde su actuación conjunta durante los Juegos de la Commonwealth de Birmingham, en 2022. Habían mantenido el contacto, hablando por teléfono cada semana o cada dos, pero una cosa era conocer sus problemas de salud a través de una conversación y otra muy distinta enfrentarse a su estado físico durante aquellos ensayos.
VER A OZZY ASÍ FUE UN GOLPE IMPOSIBLE DE IGNORAR
Iommi reconoce que inicialmente no estaba convencido de volver a reunir a Black Sabbath. La banda ya había despedido su trayectoria en directo con la gira The End, y repetir una despedida podía parecer innecesario. Sin embargo, cuando supo que el nuevo concierto tendría una finalidad benéfica, cambió de opinión.
La reunión también permitía recuperar algo que había faltado en aquella despedida anterior: la presencia de Bill Ward, el batería de la formación original.
Pero la emoción del reencuentro quedó atravesada por la preocupación. Cuando Ozzy llegó para preparar el espectáculo, Iommi y sus compañeros quedaron profundamente impactados. El cantante necesitó ayuda para entrar y su aspecto físico les hizo preguntarse cómo podrían afrontar juntos aquella actuación.
Tony incluso le propuso que descansara mientras los demás repasaban los temas instrumentalmente. No quería exigirle más de lo que pudiera soportar. Ozzy, sin embargo, intentaba participar, cantando durante algunos momentos y deteniéndose cuando necesitaba recuperar fuerzas.
El contraste resultaba especialmente duro para quienes habían compartido tantos años de escenario con él. Iommi estaba acostumbrado a ver a Ozzy moverse, bromear, acercarse a los músicos y convertir cada actuación en una descarga de energía. En Back to the Beginning, el cantante permaneció sentado en un trono.
La situación hizo que la actuación fuese emocionalmente complicada para Iommi, Geezer Butler y Bill Ward. A la dificultad de tocar de nuevo con la formación original se sumaba la incertidumbre de ver a su amigo tan debilitado.
Pese a todo, el guitarrista terminó agradeciendo que hubieran aceptado la invitación. Aquel concierto se convirtió en el cierre definitivo que no sabían que estaban viviendo.
LA CONVERSACIÓN TELEFÓNICA QUE COBRÓ OTRO SIGNIFICADO
La entrevista alcanza su punto más íntimo cuando Guru-Murthy pregunta a Iommi si cree que Ozzy se aferró a la posibilidad de ofrecer aquella última actuación.
El guitarrista responde que sí. Es su impresión personal, expresada al recordar cuánto deseaba Ozzy participar en el acontecimiento. Después del concierto, ambos hablaron y el cantante le comentó que todo había salido bien.
La última conversación llegó la noche anterior a su muerte. Ozzy le dijo que estaba muy cansado. Iommi le respondió que era comprensible después de todo lo vivido y del esfuerzo que había supuesto la actuación.
Al día siguiente, Ozzy había muerto.
El relato no necesita adornos. Dos amigos que llevaban décadas compartiendo música y experiencias habían hablado como tantas otras veces, sin saber que aquella conversación sería la última.
La muerte de Osbourne, el 22 de julio de 2025, llegó apenas diecisiete días después de Back to the Beginning, celebrado el 5 de julio en Villa Park, Birmingham. En aquella noche final, Black Sabbath volvió a reunir a Ozzy, Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward para interpretar algunos de sus clásicos.
Iommi admite que todavía le cuesta asimilar la ausencia. Es comprensible: no está hablando únicamente de un cantante con el que construyó una parte esencial de la historia del rock, sino de alguien a quien conocía desde la juventud y con quien mantuvo una relación de décadas, con sus diferencias, distanciamientos y reconciliaciones.
ANTES DE CAMBIAR EL SONIDO DEL METAL, TUVO QUE APRENDER A TOCAR DE NUEVO
La conversación también permite regresar al origen de una de las características más reconocibles de Tony Iommi: su forma de tocar.
Antes de convertirse en una figura fundamental del heavy metal, trabajaba en una fábrica de Birmingham realizando tareas de soldadura. Estaba a punto de abandonar aquel empleo para marcharse de gira con una banda cuando sufrió un accidente con una máquina que le amputó las puntas de los dedos medio y anular de la mano derecha.
El golpe parecía definitivo. Varios médicos le dijeron que no volvería a tocar la guitarra.
Iommi no aceptó aquella sentencia.
El recuerdo del guitarrista de jazz Django Reinhardt, que había continuado su carrera pese a una grave lesión en una mano, le dio una referencia para buscar su propia solución. Empezó a fabricar unas puntas artificiales con plástico fundido y utilizó trozos de una vieja chaqueta de cuero para conseguir el agarre necesario sobre las cuerdas.
No fue una solución milagrosa ni inmediata. El dolor seguía presente y su técnica anterior ya no servía. Tuvo que adaptar la forma de tocar, experimentar con cuerdas más ligeras y buscar instrumentos que le permitieran alcanzar las notas sin forzar los dedos lesionados.
También trabajó para disponer de guitarras de 24 trastes, una configuración que le ofrecía un mayor alcance. Cuando algunos fabricantes no veían la necesidad de producir lo que pedía, buscó ayuda para construirlo.
Aquellas decisiones nacieron de una necesidad personal, no de un plan para revolucionar la música. Sin embargo, la búsqueda de soluciones terminó contribuyendo a ampliar las posibilidades técnicas que tenía a su disposición.
La lesión no explica por sí sola el nacimiento del sonido de Black Sabbath, pero sí forma parte de la historia de cómo Iommi desarrolló una manera de tocar adaptada a sus circunstancias y acabó construyendo una identidad musical inconfundible.
EL SONIDO OSCURO QUE NACIÓ EN BIRMINGHAM
Black Sabbath necesitaba sonar enorme sin contar con una segunda guitarra rítmica. Iommi explica que trabajó con la afinación, los amplificadores y un treble booster para conseguir que su instrumento tuviera más profundidad y potencia. Geezer Butler, por su parte, aportaba un bajo con un sonido ligeramente distorsionado que reforzaba aquella pared sonora.
La afinación más grave también le facilitaba doblar las cuerdas, reduciendo parte del esfuerzo que le provocaban sus lesiones. Una adaptación práctica terminó convirtiéndose en un elemento esencial de la personalidad musical del grupo.
Pero la oscuridad de Black Sabbath no fue únicamente una cuestión de sonido. La banda se encontró rodeada de una imaginería que pronto se asoció con lo satánico. En la entrevista, Iommi señala que la discográfica incluyó una cruz invertida en las fundas de los discos, algo que, según su recuerdo, contribuyó a alimentar aquella asociación y a atraer a personajes extravagantes a sus conciertos.
El guitarrista no reniega de la música que hicieron. Recuerda que les gustaba aquella sonoridad y que sabían que estaban creando algo muy distinto de lo que dominaba los escenarios de la época.
En sus comienzos tuvieron que abrirse camino en clubes de blues y ganarse al público actuación tras actuación. No había redes sociales ni una maquinaria digital capaz de convertir una canción en fenómeno mundial de la noche a la mañana. Su reputación creció a través de los conciertos y del boca a boca.
La combinación de riffs, afinaciones graves, distorsión y una atmósfera inquietante terminó dando forma a una identidad que desbordó las fronteras de Birmingham.
OZZY, DIO Y UNA BANDA QUE SE NEGÓ A DESAPARECER
Iommi conocía a Ozzy de la época escolar, aunque no tenían una relación especialmente estrecha. El encuentro decisivo llegó cuando él y Bill Ward buscaban un cantante y encontraron un anuncio firmado por Osbourne en una tienda de música.
La primera impresión de Iommi no fue precisamente de confianza: no sabía si aquel joven podía cantar. Sin embargo, Ozzy y Geezer Butler acabaron presentándose en su casa buscando músicos. Bill Ward estaba allí, y la idea de probar juntos terminó dando comienzo a una historia que cambiaría el rock.
La banda fue creciendo con el trabajo, las actuaciones y canciones que el público empezó a reconocer. «Paranoid», impulsada por su aparición en televisión, amplió su alcance y ayudó a llevar su música a nuevas audiencias.
Pero la trayectoria de Black Sabbath no fue una línea recta. Durante la etapa de Los Ángeles, los problemas relacionados con el consumo de drogas y alcohol y la falta de avances en la composición hicieron que continuar con Ozzy resultara inviable, según el recuerdo de Iommi. La decisión de separarse fue dolorosa, pero el guitarrista sostiene que en aquel momento no veían otra salida.
La llegada de Ronnie James Dio abrió una etapa diferente. Su voz, más operística y poderosa, obligó a Iommi a abordar la composición desde otra perspectiva. No intentaron encontrar una copia de Ozzy: adaptaron la música a una personalidad vocal distinta y mantuvieron viva la identidad de Black Sabbath.
La historia posterior de la banda estuvo marcada por nuevas formaciones, regresos y periodos de distanciamiento. Aun así, Iommi insiste en que el contacto entre los miembros originales nunca desapareció por completo. Incluso cuando había desacuerdos, seguían estando ahí si alguno necesitaba ayuda.
Ese vínculo explica por qué la última reunión con Ozzy tuvo tanto peso. No era simplemente volver a interpretar unas canciones conocidas: era encontrarse de nuevo con una parte de sus propias vidas.
FROM THE DARK: SEGUIR CREANDO SIN MIRAR EL RELOJ
La pérdida de Ozzy no ha apartado a Iommi de la música. Su nuevo álbum en solitario, From the Dark, publicado el 23 de octubre de 2026, representa otra etapa de una carrera que continúa abierta.
El guitarrista explica que el disco se ha desarrollado a lo largo de unos doce años, sin las presiones de los plazos que acompañaban a las grabaciones y giras de Black Sabbath. En lugar de concentrar la composición en unas pocas semanas antes de entrar en el estudio, pudo trabajar cuando tenía tiempo y energía.
Ese proceso también tuvo que convivir con sus revisiones médicas relacionadas con el cáncer. Iommi cuenta que la música le ayudó a mantener la mente ocupada durante el tratamiento y a seguir concentrado en algo que siempre le ha dado sentido a su vida.
En el álbum participa el vocalista Jørn Lande, junto con los músicos que acompañan esta nueva etapa. Una de las canciones, «Death Wake», incluye a Brian May, guitarrista de Queen y amigo cercano de Iommi. El tema aborda una historia de vampiros, mientras que «World Alone» mira hacia un mundo atravesado por los conflictos.
Iommi relaciona esa inquietud con la tradición de canciones de Black Sabbath como «War Pigs», cuyo mensaje antibélico surgió en el contexto de la guerra de Vietnam. Para él, las guerras y la amenaza nuclear siguen siendo cuestiones difíciles de ignorar cuando aparecen cada día en las noticias.
No presenta la creación musical como una fórmula para resolver los problemas del mundo. La entiende como una forma de continuar expresándose, trabajar con otros músicos y encontrar motivos para seguir adelante.
EL HOMBRE DETRÁS DE LOS RIFFS
La entrevista también se detiene en los instrumentos que Iommi ha desarrollado a lo largo de los años, en sus guitarras de 24 trastes y en las modificaciones de pastillas con las que ha intentado conseguir el sonido que busca. No son simples detalles para coleccionistas: muestran que su curiosidad técnica ha acompañado toda su carrera.
Birmingham ocupa un lugar igualmente importante. Iommi recuerda que, durante los primeros años, la banda tuvo que salir al extranjero para encontrar oportunidades y que no siempre sintieron que su propia ciudad los aceptara. Con el tiempo, esa relación cambió. Black Sabbath cuenta ahora con homenajes locales, reconocimientos y espacios que mantienen vivo su legado.
El guitarrista también habla con orgullo de su distinción MBE y de las iniciativas solidarias en las que ha participado, entre ellas la recaudación de fondos para centros hospitalarios de Birmingham mediante la rifa de guitarras.
Cuando le preguntan qué cambiaría del mundo, su respuesta vuelve a la violencia y a la dificultad de convivir en paz. Y, con su habitual humor, también menciona el accidente que le cambió la vida: desearía no haberse cortado las puntas de los dedos.
No hay una conclusión grandilocuente en sus palabras. Hay un músico que ha atravesado obstáculos físicos, cambios de formación, enfermedades, éxitos y pérdidas, y que continúa encontrando en la guitarra un lugar al que regresar.
La muerte de Ozzy Osbourne ha cerrado una historia compartida durante décadas, pero no borra lo que construyeron juntos. Los riffs siguen ahí. Las canciones continúan sonando. Y Tony Iommi, lejos de convertir su legado en una pieza de museo, todavía tiene música que escribir.
Fuentes de verificación
Entrevista completa a Tony Iommi — Ways to Change the World, Channel 4 News
Web oficial de Tony Iommi — novedades de From the Dark y trayectoria
Louder — Tony Iommi recuerda la última conversación con Ozzy Osbourne
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