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El guitarrista repasa la audición que cambió su destino, las canciones que construyó junto al Príncipe de las Tinieblas, su vínculo con Dimebag Darrell y Vinnie Paul, y los motivos que le llevaron a abandonar el alcohol. Una conversación de casi 105 minutos que retrata al músico detrás de la leyenda.
Hay guitarristas que construyen una carrera alrededor de su técnica. Otros consiguen que unas pocas notas basten para reconocerlos. Zakk Wylde pertenece a esa segunda categoría: un sonido musculoso, raíces profundamente bluseras, armónicos que parecen salir disparados del amplificador y una identidad que ha sobrevivido a décadas de cambios en el metal.
Pero detrás de la imagen del guitarrista de larga melena, barba imponente y Les Paul rugiente existe una historia mucho más amplia. En el episodio 117 de Go With Elmo Lovano, publicado el 22 de octubre, Wylde se sienta a repasar su trayectoria sin necesidad de convertirla en una sucesión de hazañas solemnes. Habla de Ozzy Osbourne, de sus compañeros de carretera, de la amistad, de los excesos, de la disciplina musical y de la importancia de conservar el sentido del humor cuando el mundo del rock amenaza con devorarte.
La entrevista, de aproximadamente una hora y 44 minutos, funciona como un recorrido por los momentos que definieron su vida. Y entre las anécdotas más disparatadas aparece una confesión mucho más seria: la advertencia médica que le obligó a elegir entre seguir viviendo como hasta entonces o cambiar de rumbo.
Una broma en el ensayo terminó convertida en un Grammy
Una de las historias más reveladoras aparece en el arranque de la conversación. Wylde recuerda cómo una ocurrencia durante un ensayo acabó transformándose en «I Don't Want to Change the World», canción de Ozzy Osbourne que obtuvo el Grammy a la mejor interpretación de metal en 1994.
Según cuenta el guitarrista, estaba improvisando una especie de broma musical sobre cómo intentar ligar con una mujer. Ozzy escuchó aquello y, lejos de descartarlo como una tontería pasajera, reconoció que allí había material aprovechable. La idea evolucionó hasta convertirse en una canción que terminó alcanzando uno de los reconocimientos más importantes de la música pesada.
La anécdota resume una de las cualidades que Wylde atribuye a su antiguo jefe: un oído excepcional y la capacidad de detectar posibilidades donde otros solo escuchaban una ocurrencia.
No se trataba únicamente de componer riffs contundentes. La colaboración entre ambos dependía de una combinación de instinto, personalidad y química creativa. Ozzy tenía su propio territorio como cantante y constructor de melodías; el guitarrista aportaba su lenguaje instrumental, sus ideas y una manera muy reconocible de convertir una estructura musical en algo inmediatamente identificable.
La historia tiene además una ironía deliciosa: una broma nacida en un ensayo acabó formando parte del repertorio premiado de Ozzy. No siempre hace falta entrar en el estudio con una obra maestra bajo el brazo. A veces, lo decisivo es que alguien sepa reconocerla cuando todavía parece una tontería.
Vídeo: «Zakk Wylde: Ozzy, Pantera & Black Label Society | Writing Guitar Solos, Hits & Crazy Tour Stories».
Una fotografía Polaroid y una llamada que cambió su destino
La entrada de Wylde en la banda de Ozzy parece escrita para una película sobre los caminos imprevisibles de la industria musical.
Antes de convertirse en uno de los guitarristas más estrechamente asociados al cantante británico, el joven músico todavía vivía con sus padres y era un admirador de Randy Rhoads, el guitarrista que había dejado una huella enorme en el sonido de Ozzy.
Una actuación en la boda de Mark Weiss, donde tocó junto a Sebastian Bach, contribuyó a ponerle en contacto con personas que acabarían conectándole con el entorno de los Osbourne. Las relaciones profesionales y personales hicieron el resto: una fotografía Polaroid de Wylde terminó en la cocina de Sharon Osbourne.
Aquella imagen llamó la atención de Ozzy. La conexión con el entorno del cantante y la posterior llamada abrieron la puerta a la audición.
Wylde relata que aquel viaje a Los Ángeles fue su primera experiencia en avión. Allí tocó con el bajista Phil Soussan y el batería Randy Castillo, antes de conocer personalmente a Ozzy y desplazarse a Londres para trabajar en material nuevo.
La oportunidad no consistía simplemente en ocupar una posición detrás de un micrófono. El guitarrista entraba en una tradición musical muy exigente, marcada por nombres como Rhoads y por la necesidad de aportar una voz propia sin destruir la identidad del proyecto.
Su debut discográfico con Ozzy llegaría con No Rest for the Wicked, publicado en 1988. El álbum incluía «Miracle Man», una de las canciones que marcarían el comienzo de aquella colaboración. La página oficial de Ozzy identifica el disco como el debut discográfico de Wylde con el cantante y confirma la importancia de aquel lanzamiento en su catálogo.
Fuente: Archivo oficial de Ozzy Osbourne: No Rest for the Wicked.
Ozzy no buscaba un guitarrista que solo tocara bien
Uno de los aspectos más interesantes de la conversación es la forma en que Wylde explica la relación creativa con Ozzy. El guitarrista no presenta aquella etapa como un simple trabajo de acompañamiento, sino como una colaboración en la que la personalidad musical de quien tocaba la guitarra podía influir decisivamente en las canciones.
Su primera composición junto a Ozzy fue «Miracle Man». Más adelante llegaría el periodo de No More Tears, uno de los discos fundamentales de aquella asociación.
Wylde habla de la capacidad de Ozzy para detectar una idea musical y empujarla en la dirección correcta. La anécdota de «I Don't Want to Change the World» no es un caso aislado dentro de su relato: sirve para explicar una forma de trabajar en la que el cantante podía escuchar algo inesperado y descubrir su potencial.
El guitarrista también recuerda que Ozzy tenía un talento particular para reconocer la fuerza de una interpretación. En una conversación llena de humor, Wylde describe a un músico capaz de escuchar una idea aparentemente absurda, preguntar quién la había tocado y terminar sorprendido cuando descubría que había sido el propio Zakk.
Aquella confianza entre ambos ayudó a consolidar una identidad sonora que no dependía de reproducir lo que había hecho Randy Rhoads. Wylde respetaba profundamente a su antecesor, pero necesitaba encontrar su propio lugar en la historia musical de Ozzy.
Y lo encontró a través de una combinación de riffs, melodía, energía y una forma de tocar que no se confundía fácilmente con la de ningún otro guitarrista.
El primer concierto con Ozzy: una prisión y una noche difícil de olvidar
La entrevista también rescata una de las experiencias más insólitas de sus primeros pasos en aquella banda: el primer concierto de Wylde junto a Ozzy tuvo lugar en la prisión londinense de Wormwood Scrubs.
El guitarrista recuerda el ambiente intimidante de una actuación ante presos, algunos de ellos condenados a largas penas. El episodio forma parte de las experiencias insólitas que recuerda de sus primeros pasos con Ozzy.
La historia encaja con el tono de muchas de sus anécdotas: una mezcla de incredulidad, humor retrospectivo y recuerdos de una época en la que su carrera avanzaba a una velocidad difícil de asimilar. Pasó de vivir en casa de sus padres a compartir escenario y carretera con una de las figuras más imprevisibles del heavy metal.
Wylde también recuerda episodios de las giras y del entorno de Ozzy que hoy forman parte de su memoria personal. No los presenta como una colección de mitos cuidadosamente pulidos, sino como situaciones vividas por músicos que pasaban largos periodos juntos y que, en ocasiones, parecían estar dentro de una comedia escrita por nadie.
La convivencia en la carretera tenía sus propias reglas. Las jornadas interminables, las conversaciones nocturnas, los cambios de ciudad y las situaciones absurdas creaban una intimidad que difícilmente se reproduce fuera de una banda.
Dimebag Darrell y Vinnie Paul: mantener viva la música
La historia de Wylde no se limita a Ozzy. Otra parte esencial de su presente musical pasa por Pantera y por el legado de Dimebag Darrell y Vinnie Paul.
El guitarrista habla de su participación en la formación que revive el repertorio de Pantera junto a Phil Anselmo y Rex Brown, con Charlie Benante a la batería. Su presencia en ese proyecto está inevitablemente vinculada a la memoria de Dimebag, el guitarrista asesinado en 2004, y de Vinnie Paul, fallecido en 2018.
Wylde describe su cometido como una manera de mantener viva la música de sus amigos. No intenta presentar su papel como una sustitución emocional de Dimebag ni borrar lo que hizo irrepetible su manera de tocar. La cuestión, en sus propias palabras, es mantener las canciones en circulación y permitir que sigan llegando a quienes las aman.
Es una posición que exige equilibrio. El repertorio de Pantera pertenece a una historia concreta, a una química entre músicos y a una época que no puede repetirse exactamente. Wylde aporta su propio carácter a las guitarras, pero el propósito que expresa es rendir homenaje a una música que sigue teniendo fuerza en directo.
La amistad aparece así como una constante en su carrera: una lealtad que no se limita a las declaraciones públicas y que también se manifiesta en los escenarios.
La advertencia médica que cambió su relación con el alcohol
Entre las historias más llamativas de la entrevista, la conversación sobre la sobriedad acaba adquiriendo un peso muy distinto al de las bromas de carretera.
Wylde cuenta que lleva aproximadamente doce o trece años sin consumir alcohol. Según su relato, la decisión llegó después de sufrir coágulos sanguíneos y acudir a una consulta médica para preguntar si debía reducir la bebida.
La respuesta del médico fue mucho más seria de lo que esperaba. Durante la conversación, el profesional le advirtió de que continuar bebiendo al ritmo que llevaba podía desembocar en daños graves para su salud, incluyendo la posibilidad de necesitar un trasplante de hígado en pocos años. También le señaló problemas relacionados con el páncreas.
El músico recuerda el momento con el humor negro que caracteriza buena parte de su conversación, pero el fondo de la historia es contundente: aquella advertencia le obligó a enfrentarse a las consecuencias de un estilo de vida que había normalizado durante las giras.
En su relato, la elección se redujo a seguir por el mismo camino o conservar la posibilidad de disfrutar de su familia, sus amigos y la música durante muchos años más. Eligió lo segundo.
La sobriedad no aparece en la entrevista como una transformación de su personalidad. Wylde bromea con que sigue siendo el mismo de siempre, solo que sin beber. Continúa disfrutando de las conversaciones absurdas, de las bromas entre compañeros y de las historias que nacen en la carretera.
Lo que cambió fue la decisión de no seguir poniendo en juego su salud.
Su testimonio no pretende convertirse en una receta universal ni sustituir el consejo médico. Es el relato personal de un músico que recibió una advertencia que se tomó en serio y modificó su vida a partir de ella.
Generation Axe: cuando los virtuosos comparten autobús
El humor vuelve a ocupar el centro cuando Elmo Lovano pregunta por Generation Axe, el proyecto que reunió a Wylde con guitarristas de la talla de Steve Vai, Yngwie Malmsteen y Nuno Bettencourt.
Sobre el escenario, la reunión representa una concentración extraordinaria de técnica y personalidad. Fuera de él, según Wylde, la experiencia podía parecer un episodio de This Is Spinal Tap en el que nadie necesitaba exagerar las historias porque la realidad ya ofrecía suficientes situaciones absurdas.
El guitarrista insiste en que los músicos se llevaban bien y sale en defensa de Malmsteen cuando la conversación aborda la fama de exigente que acompaña al virtuoso sueco.
Su explicación es sencilla: Malmsteen sabe lo que quiere y se frustra cuando las cosas no salen como las ha pedido. Wylde interpreta esa actitud menos como una voluntad de complicar la vida a los demás que como una necesidad de mantener el control sobre los detalles.
La conversación también deja ver la relación cercana que conserva con Vai y Bettencourt, con quienes comparte bromas y mensajes con frecuencia. La competencia técnica no impide la camaradería; al contrario, los músicos que pasan tiempo juntos en una gira terminan acumulando historias que se convierten en parte de su propia mitología.
La guitarra necesita una historia, no una exhibición interminable
Cuando la charla se centra en la composición de solos, Wylde ofrece una respuesta que dice mucho de su manera de entender el instrumento.
Para él, un solo debe tener principio, desarrollo y final. La referencia a Randy Rhoads vuelve a aparecer como parte de su formación, pero también destaca la capacidad melódica de Neal Schon, guitarrista de Journey, para construir frases memorables y después acelerar hasta alcanzar una explosión de virtuosismo.
La clave no consiste en tocar tantas notas como sea posible. Un solo puede ser técnicamente impresionante y, aun así, no dejar huella si carece de dirección. La melodía, la estructura y el momento en que el guitarrista decide llevar la interpretación al límite son tan importantes como la velocidad.
Cuando le preguntan por sus solos favoritos de otros músicos, Wylde menciona «Stairway to Heaven», de Led Zeppelin, y «Hotel California», de Eagles. También cita «Comfortably Numb», de Pink Floyd.
Su elección de «Stairway to Heaven» destaca la construcción del solo de Jimmy Page, mientras que «Hotel California» le permite reconocer el trabajo conjunto de Don Felder y Joe Walsh.
Son elecciones reveladoras. Wylde, conocido por una técnica poderosa y por el uso explosivo de armónicos, concede un lugar central a la capacidad de contar una historia con la guitarra. El virtuosismo no desaparece: encuentra su razón de ser cuando sirve a la canción.
Wylde Audio: pasar de utilizar instrumentos a construir una marca propia
La conversación también aborda su faceta empresarial. Wylde explica que comenzó a desarrollar su propia compañía de guitarras, Wylde Audio, en 2016.
Para describir la decisión recurre a una comparación deportiva: un jugador puede pasar a entrenar, después a dirigir y, finalmente, aspirar a ser propietario. En su caso, el siguiente paso lógico era implicarse directamente en la creación de sus propios instrumentos.
El guitarrista aclara que su relación con Gibson, Epiphone y Marshall había sido excelente. No presenta la creación de su marca como una ruptura provocada por un conflicto, sino como el deseo de asumir nuevas responsabilidades y explorar otra dimensión de su trabajo.
La comparación resulta coherente con una trayectoria en la que Wylde ha ido ampliando su campo de acción sin abandonar el instrumento que le dio su identidad. Ha sido guitarrista de Ozzy, fundador de Black Label Society, intérprete en proyectos de homenaje y empresario.
En el estudio, comenta que para grabar el solo de «Ozzy's Song» recurrió a una guitarra que llama «The Grail», un instrumento vinculado a sus primeras sesiones de composición con Ozzy. El detalle conecta el presente con el inicio de una relación profesional que ha marcado buena parte de su vida.
«Ozzy's Song»: la amistad que continúa después de la despedida
La conversación adquiere un tono especialmente emotivo cuando aparece «Ozzy's Song», el homenaje de Black Label Society a Ozzy Osbourne.
En el momento de la entrevista, Wylde explica que mantiene el contacto con Sharon Osbourne y que le envía imágenes de las reacciones del público durante los conciertos. También habla de cómo el legado de Ozzy ha adquirido una dimensión propia, con homenajes, recuerdos y actividades que mantienen viva su presencia entre los seguidores.
Para Wylde, interpretar canciones de sus amigos no es una estrategia aislada ni una simple decisión de repertorio. Es una forma de mantener cerca a personas que han influido profundamente en su vida.
Esa actitud atraviesa su relación con Ozzy, Dimebag Darrell y Vinnie Paul. Las canciones funcionan como un espacio compartido entre quienes las escribieron, quienes las interpretan y quienes siguen encontrando en ellas una parte de su propia historia.
Engines of Demolition, el duodécimo álbum de estudio de Black Label Society, se publicó el 27 de marzo de 2026. El disco incluye «Ozzy's Song» como cierre y «Name in Blood» entre sus temas. Según la información oficial de la discográfica, Wylde empezó a escribir el material en 2022 y continuó trabajando en él hasta 2025; la canción dedicada a Ozzy fue una de las composiciones más personales de ese periodo.
La pieza no representa únicamente un tributo a una figura fundamental del heavy metal. También enlaza al artista que abrió una puerta profesional a Wylde con el músico que, décadas después, sigue llevando esa historia consigo.
Fuentes: Black Label Society, web oficial y MNRK Heavy, información oficial de Engines of Demolition.
Una vida entre riffs, familia y sentido del humor
En los últimos minutos de la entrevista, la conversación se desplaza hacia los hijos de Wylde, cuyos nombres incorporan referencias a músicos y grupos que han marcado su universo personal. El guitarrista bromea sobre la intervención de su esposa, Barbaranne, en algunas de esas decisiones y sobre los apodos que podrían recibir sus futuros nietos.
El cierre mantiene el espíritu de toda la charla: risas, complicidad y una sucesión de ocurrencias que recuerdan que, detrás de la imagen imponente del guitarrista, hay un hombre que disfruta compartiendo historias con sus amigos.
No hace falta que cada recuerdo se convierta en una leyenda para entender el recorrido de Zakk Wylde. Su historia ya contiene suficientes elementos extraordinarios: una fotografía que abrió la puerta a una audición, canciones construidas junto a Ozzy, una amistad que se prolonga a través de homenajes, una carrera propia con Black Label Society y una decisión personal que le permitió replantearse su relación con el alcohol.
La entrevista de Go With Elmo Lovano funciona precisamente porque no intenta reducirlo a una sola de esas facetas. Wylde aparece como guitarrista, compositor, empresario, amigo y padre; como un músico capaz de hablar de la arquitectura de un solo y, segundos después, reírse de una historia absurda de autobús.
Su legado no depende únicamente de los amplificadores que ha hecho rugir o de los escenarios que ha conquistado. También está en las relaciones que ha mantenido, en las canciones que ha ayudado a construir y en la decisión de seguir adelante sin renunciar a su identidad.
Porque Zakk Wylde puede cambiar de guitarra, de escenario o de proyecto. Lo que no parece dispuesto a cambiar es su manera de vivir la música: con lealtad, contundencia y una buena dosis de humor negro.
Fuentes de verificación
Entrevista original: Zakk Wylde — Go With Elmo Lovano, episodio 117.
Página oficial del episodio: Go With Elmo — Zakk Wylde.
Archivo oficial de Ozzy Osbourne: No Rest for the Wicked.
Registro oficial de Ozzy Osbourne sobre los Grammy: 36th Annual Grammy Awards.
Black Label Society: Web oficial.
MNRK Heavy: Anuncio oficial de Engines of Demolition.
Nota editorial: Esta crónica se basa en la entrevista original en vídeo. Las declaraciones se han adaptado al castellano atendiendo al contexto de la conversación. Las transcripciones automáticas y las traducciones pueden contener errores o matices imprecisos; por ello, no se presentan como citas literales aquellas palabras cuya formulación exacta no se haya podido verificar.
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