Motörhead celebra que en 1981 alguien tuvo la decencia de pulsar "record" en Orléans, permitiendo que cuatro décadas después los coleccionistas paguen fortunas por un audio que suena a catástrofe ferroviaria con distorsión.
EL NEGOCIO DE LA NOSTALGIA Y LOS ACÚFENOS DE LUJO
La maquinaria de mercadotecnia de Motörhead ha decidido recordarnos que hace más de cuarenta años Lemmy y compañía pasaron por Orléans, no para comer cruasanes, sino para martillear los tímpanos de la audiencia local. Este evento, que en su momento probablemente fue solo otro martes de sudor y anfetaminas, ha sido elevado a la categoría de reliquia sagrada dentro del box set del 40 aniversario de Ace Of Spades. Es la magia del Rock: si esperas lo suficiente, un concierto con sonido de lata de conservas se convierte en una "pieza histórica imprescindible" para el salón de cualquier caballero con barba canosa y problemas de audición.
El ruido de ayer es el dividendo de hoy.