En un movimiento que nadie pidió pero que el botox agradece, Sebastian Bach se une a Twisted Sister para demostrar que los gritos agudos no mueren, solo se mudan de escenario.
El reencuentro de la laca y el colágeno
La industria del heavy metal ha sufrido un espasmo nostálgico de proporciones épicas. Jay French y Eddie Ojeda, en un ejercicio de optimismo antropológico, han decidido que la mejor forma de mantener el legado de Twisted Sister no es la jubilación digna, sino reclutar a Sebastian Bach. El ex-Skid Row, conocido por su capacidad de alcanzar notas que solo los perros y las copas de cristal detectan, se pondrá al frente de la banda este otoño. Es, técnicamente, el equivalente musical a intentar arreglar un Cadillac de los 80 con piezas de un Lamborghini que ha pasado demasiado tiempo al sol.
El rock no muere, solo se pone tantas capas de base que se vuelve irreconocible.



