Iron Maiden cumple cuatro décadas intentando convencernos de que usar mallas de licra y pedales de efectos espaciales fue una decisión artística consciente y no un delirio colectivo de 1986.
Mientras celebran los cuarenta años de “Wasted Years”, sus seguidores intentan recordar dónde dejaron las llaves de casa.
Arqueología del cromo y el cardado imposible
La llegada de Somewhere in Time supuso el momento exacto en el que el purismo metálico sufrió un síncope al descubrir que sus ídolos habían sustituido el sudor de la New Wave of British Heavy Metal por sintetizadores de guitarra que sonaban a banda sonora de película de ciencia ficción de serie B. El videoclip de "Wasted Years", esa amalgama de metraje granulado y nostalgia prematura, funciona hoy como un recordatorio cruel de que incluso las leyendas del rock tuvieron una fase en la que su peluquero era su peor enemigo. La pieza visual es un catálogo de aeropuertos, estadios y primeros planos de Steve Harris moviendo la boca como si estuviera recitando el código de circulación mientras intenta no tropezar con los cables del futuro que nunca llegó.
El futuro de 1986 consistía básicamente en ponerse más laca y rezar para que el MIDI no se colgara.
La paradoja del tiempo perdido en alta fidelidad
Adrian Smith, en un alarde de lucidez compositiva, decidió escribir un himno sobre no mirar atrás justo cuando la banda empezaba a reciclar su propia mitología para alimentar a una base de fans que todavía no sabía que acabaría pagando entradas a precio de hipoteca para ver a un Eddie gigante vestido de cyborg. Técnicamente, la pista es un despliegue de precisión rítmica que demuestra que se puede ser profundo mientras se viste un chándal de colores fluorescentes. La letra nos invita a no perder el tiempo buscando años pasados, un consejo que resulta irónico viniendo de una industria que sobrevive gracias a reediciones en vinilo de 180 gramos para coleccionistas que ya no tienen reproductor de discos.
No busques los años perdidos; probablemente se los quedó el manager en concepto de comisiones.
Nota del Departamento de Entropía Musical Tras un análisis exhaustivo de las frecuencias de este single, el departamento concluye que el eco de la guitarra de Smith es lo único que mantiene unido el tejido espacio-temporal de los fans que aún insisten en que el metal murió en 1988. Se recomienda precaución al escuchar "Stranger in a Strange Land", ya que el exceso de atmósfera ochentera puede provocar la aparición espontánea de hombreras en su vestuario actual.
El tiempo no perdona, pero un buen estribillo hace que la decadencia sea mucho más coreable.
Cortamos la emisión para ir a comprar parches de rodilla; el galope de Harris no se mantiene solo a los sesenta.
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