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Despertando el abismo...

lunes, 5 de octubre de 2026

JACK BLACK LLAMÓ A BLACK SABBATH Y APARECIÓ EL JEFE FINAL


Lo que empezó como una banda tributo terminó con Geezer Butler apareciendo en el escenario para tocar “War Pigs”. Porque aparentemente a Jack Black le pareció poco hacer de profesor de rock y decidió invocar al demonio original.

Hay gente que monta una banda tributo.

Hay gente que se disfraza.

Hay gente que se aprende las canciones.

Y luego está Jack Black.

Porque cuando el actor decidió montar Jack Sabbath, su tributo a Black Sabbath, podía haberse limitado a tocar “Paranoid”, poner cara de loco y marcharse a cenar.

Pero no.

El hombre decidió hacer las cosas como Dios manda.

Cogió un escenario.

Cogió a una banda joven.

Se puso a tocar Black Sabbath.

Y entonces ocurrió lo que cualquier fan del heavy metal habría considerado una intervención divina:

apareció Geezer Butler.

Sí.

GEEZER BUTLER.

El bajista de Black Sabbath.

El hombre que estuvo allí cuando todo aquello empezó.

El mismo tipo que ayudó a construir el sonido que después acabaría llenando estadios, provocando padres escandalizados y dando trabajo a miles de personas que descubrieron que tocar una guitarra afinada en Mi podía ser una profesión perfectamente razonable.

Y de repente estaba allí.

Con Jack Black.

Tocando “War Pigs”.


ESTO YA NO ERA UN TRIBUTO

El concierto tuvo lugar el sábado 3 de octubre en el Power to the People Festival, organizado por Tom Morello en Columbia, Maryland.

Jack Black apareció con Jack Sabbath acompañado por una banda joven en la que estaban Roman Morello, hijo de Tom Morello, a la guitarra, Revel Ian, hijo de Scott Ian de Anthrax, al bajo, además de Yoyoka Soma a la batería y Hugo Weiss a los teclados.

Hasta aquí todo normal.

Bueno...

Normal dentro de lo que puede considerarse normal cuando Jack Black está involucrado.

Pero entonces llegó Geezer Butler.

Y aquí se acabó la fiesta de los imitadores.

Porque puedes tocar Black Sabbath.

Puedes copiar el riff.

Puedes copiar la ropa.

Puedes intentar poner cara de Ozzy.

Puedes incluso conseguir que veinte mil personas griten.

Pero hay una cosa que no puedes falsificar:

haber estado allí.


GEEZER ENTRÓ Y EL TIEMPO SE PARÓ

Imagínate la situación.

Jack Black está en el escenario.

La gente está esperando otro himno de Sabbath.

Y aparece Geezer Butler.

No un holograma.

No una grabación.

No un músico contratado para parecerse a él.

Geezer Butler.

El tipo que escribió las letras de “War Pigs”.

Y entonces empieza la canción.

Hay momentos en la historia del rock en los que uno debería dejar de hacer fotografías durante cinco segundos y simplemente mirar.

Este era uno.

Porque “War Pigs” no es una canción cualquiera.

Es una de esas piezas que sobrevivieron a su época y terminaron convirtiéndose en una especie de monumento del heavy metal.

Y ahora estaba siendo tocada por uno de sus autores junto a Jack Black.

La realidad se había vuelto un poco absurda.

Como debe ser.


EL HIJO DE MORELLO, EL HIJO DE SCOTT IAN Y EL PADRE DE TODOS

Aquí viene otra de esas casualidades que hacen que esta historia tenga todavía más gracia.

En el escenario había una especie de árbol genealógico del rock.

Roman Morello.

Hijo de Tom Morello.

Revel Ian.

Hijo de Scott Ian.

Y detrás de ellos, Geezer Butler.

Es decir:

la vieja escuela, la siguiente generación y Jack Black haciendo de pegamento.

Solo faltaba Ozzy apareciendo desde una nube diciendo:

“¿Pero qué coño estáis haciendo con mis canciones?”

Y probablemente se habría quedado mirando unos segundos antes de empezar a reírse.


JACK BLACK TIENE UN PROBLEMA

El problema de Jack Black es que parece incapaz de hacer las cosas a medias.

El hombre podría limitarse a ser actor.

Pero no.

También canta.

Toca.

Hace el payaso.

Hace películas.

Monta bandas.

Se mete en videojuegos.

Hace heavy metal.

Y cuando decide tocar Black Sabbath, resulta que consigue que Geezer Butler aparezca en el escenario.

Hay gente que tiene contactos.

Jack Black parece tener un botón secreto que pone:

“INVOCAR LEYENDA DEL ROCK”.

Lo aprieta y aparece Geezer.

Otro día igual aprieta el botón y aparece Tony Iommi.

No sabemos dónde está el mando.

Pero alguien debería quitárselo antes de que se le vaya completamente de las manos.


Y AQUÍ VIENE LA PARTE BONITA

Porque detrás de la broma hay algo bastante serio.

Black Sabbath pertenece a una generación que creó prácticamente desde cero el lenguaje del heavy metal.

Aquellos músicos no tenían un manual.

No tenían Spotify.

No tenían YouTube.

No tenían tutoriales explicando cómo sonar oscuro.

No tenían millones de guitarristas enseñando riffs en internet.

Tenían cuatro instrumentos.

Una sala.

Mucho volumen.

Y probablemente bastante menos idea de lo que estaban a punto de provocar de la que nosotros tenemos ahora.

Décadas después, sus canciones siguen siendo interpretadas por músicos que ni siquiera habían nacido cuando fueron grabadas.

Eso es un legado.


PERO HAY ALGO TODAVÍA MÁS BESTIA

Geezer Butler no apareció para tocar una canción cualquiera.

Apareció para tocar “War Pigs”.

Una canción cuya letra escribió él.

Una canción que nació hace más de medio siglo y que todavía funciona perfectamente en un escenario moderno.

Eso es lo que debería preocupar a los políticos.

No las guitarras.

Que una canción escrita hace décadas siga siendo capaz de hacer que un estadio entero grite.

Eso sí que es poder.


EL ROCK TIENE UNA COSA QUE NO SE PUEDE FABRICAR

Puedes fabricar una campaña.

Puedes fabricar una imagen.

Puedes fabricar una estrella.

Puedes fabricar un cartel gigante.

Pero no puedes fabricar fácilmente ese momento en el que un músico veterano aparece junto a una generación nueva y todos entienden exactamente de dónde viene la música.

Ahí no hace falta explicar nada.

Geezer toca.

La guitarra entra.

Jack Black sonríe como un niño al que acaban de dejar entrar en una tienda de juguetes.

Y el público entiende la historia.

Esto empezó hace muchísimo tiempo.

Y todavía funciona.


EL HEAVY METAL, MIENTRAS TANTO, SIGUE HACIENDO DE LAS SUYAS

Lo maravilloso de todo esto es que el heavy metal lleva décadas siendo declarado muerto.

Muerto por las modas.

Muerto por el pop.

Muerto por el grunge.

Muerto por el nu metal.

Muerto por el streaming.

Muerto por TikTok.

Muerto porque los chavales ya no compran discos.

Muerto porque ya no existen las grandes bandas.

Muerto porque el rock no interesa.

Y mientras tanto...

Geezer Butler aparece en un escenario junto a Jack Black y miles de personas se vuelven completamente locas.

Quizá el metal no esté muerto.

Quizá simplemente tenga un sentido del humor bastante cabrón.


Y JACK BLACK LO HA ENTENDIDO PERFECTAMENTE

No hace falta intentar parecer joven.

No hace falta disfrazar el pasado.

No hace falta convertir Black Sabbath en una versión moderna y políticamente correcta.

Tocas la canción.

La tocas fuerte.

Invitas al tipo que la escribió.

Y dejas que el público haga el resto.

Es tan sencillo que casi parece ilegal.


EL MOMENTO MÁS METAL DE TODO

Hay una imagen mental que resume perfectamente esta historia:

Jack Black mirando a Geezer Butler.

Geezer con el bajo.

Los hijos de Morello y Scott Ian tocando junto a él.

Miles de personas delante.

Y “War Pigs” empezando a rugir.

Eso no es una reunión.

Eso es pasar el testigo.

El rock viejo no está entregando las llaves de una casa vacía.

Está diciendo:

“Toma. Ahora haz algo con esto.”

Y eso es muchísimo más importante que cualquier campaña de marketing.


PORQUE AL FINAL EL HEAVY METAL NO NECESITABA PERMISO

Nunca lo necesitó.

Black Sabbath no pidió permiso.

Ozzy tampoco.

Iron Maiden tampoco.

Metallica tampoco.

Y ahora Jack Black tampoco.

Quizá por eso funciona.

Porque cuando la música deja de preocuparse demasiado por parecer importante, vuelve a ser peligrosa.

Un escenario.

Un amplificador.

Un bajo.

Una canción.

Y un tío que aparece de repente y resulta que es uno de los arquitectos originales del puto edificio.


GEEZER BUTLER NO FUE EL INVITADO

Fue el recordatorio.

El recordatorio de que detrás de todas las bandas actuales, de todas las etiquetas, de todos los subgéneros y de todas las discusiones sobre quién es más extremo, hubo un momento en que alguien simplemente decidió:

“Vamos a hacer que esto suene jodidamente oscuro.”

Y funcionó.

Vaya si funcionó.

Más de cincuenta años después, un actor llamado Jack Black puede montar una banda tributo, subirse a un escenario y conseguir que el mismísimo Geezer Butler vuelva a tocar una canción que ayudó a convertir en historia.

Eso no es nostalgia.

Eso es supervivencia.


Y AHORA QUE ALGUIEN LE QUITE EL MICRÓFONO A JACK BLACK

Porque como siga así, cualquier día monta Jack Iron Maiden, llama a Steve Harris y terminamos con Bruce Dickinson haciendo los coros mientras Tom Morello toca “The Trooper”.

Y lo peor...

es que probablemente pagaríamos por verlo.

STHDMETAL — THE ANGEL OF NOISE

Nivel de locura: 10/10.

Nivel de “esto no debería haber funcionado y, sin embargo, funciona”: 11/10.

Nivel de Geezer Butler: patrimonio histórico del metal.

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