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Despertando el abismo...

martes, 6 de octubre de 2026

ROBERT PLANT SE PIERDE EN SAN FRANCISCO: CAFÉ, BEATNIKS, BRONCE Y UNA CIUDAD CON MÁS HISTORIA QUE MUCHOS MUSEOS

 


El exvocalista de Led Zeppelin vuelve a demostrar que a los 78 años sigue teniendo una curiosidad mucho más peligrosa que la nostalgia: después de conquistar San Francisco con Saving Grace, se lanzó a caminar por una ciudad donde cada esquina parece esconder una canción

Hay músicos que llegan a una ciudad, hacen el concierto, suben al coche y desaparecen.

Y luego está Robert Plant.

A sus 78 años, el hombre que puso una de las voces más reconocibles de la historia del rock decidió que San Francisco no se podía despachar desde un escenario.

Así que hizo lo que probablemente haría cualquiera que llevara medio siglo acumulando historias, discos y carreteras a sus espaldas:

salió a caminar.

Y no eligió precisamente un centro comercial.

Plant aprovechó su estancia en San Francisco durante el Hardly Strictly Bluegrass 2026, donde actuó con Saving Grace y Suzi Dian, para volver a uno de sus lugares habituales de la ciudad: el legendario Caffè Trieste, en North Beach.

Y aquí empieza lo bueno.


CAFÉ TRIESTE: DONDE EL CAFÉ TIENE MÁS HISTORIA QUE ALGUNOS DISCOS

Hay cafeterías.

Y después está Caffè Trieste.

Fundado en 1956, el local de North Beach lleva décadas funcionando como uno de esos lugares donde la cultura parece haberse quedado atrapada entre las mesas.

La propia historia del establecimiento lo presenta como uno de los primeros cafés de espresso de la Costa Oeste y como punto de encuentro de poetas, escritores, compositores y artistas.

Por allí pasó buena parte de la fauna literaria de la generación Beat.

Jack Kerouac. Allen Ginsberg. Lawrence Ferlinghetti.

Y también apareció por allí un tipo llamado Francis Ford Coppola.

No precisamente para perder el tiempo.

Coppola trabajó allí durante meses en el guion de El Padrino. Incluso documentos y testimonios relacionados con la historia del establecimiento señalan aquella mesa como uno de los lugares donde desarrolló el célebre proyecto.

Es decir:

Plant no estaba tomando un café cualquiera.

Estaba sentado en un lugar donde el café lleva décadas mezclándose con literatura, cine, música y conversaciones que probablemente empezaron siendo una tontería y acabaron cambiando alguna cosa.


PLANT NO NECESITA VOLVER AL PASADO. PREFIERE CAMINAR SOBRE ÉL

Y aquí está quizá lo más interesante.

Robert Plant podría vivir perfectamente de la nostalgia.

Podría pasarse el resto de sus días respondiendo preguntas sobre Led Zeppelin, Stairway to Heaven, Kashmir y aquella década en la que cuatro británicos parecían capaces de derribar edificios con una guitarra.

Pero lleva años haciendo otra cosa.

Explorar.

Su trayectoria posterior ha demostrado una curiosidad musical casi enfermiza: blues, folk, músicas africanas, raíces americanas, sonidos tradicionales y colaboraciones alejadas del camino más fácil.

Y eso encaja demasiado bien con su comportamiento en San Francisco.

Porque mientras otros siguen preguntándole por el pasado, Plant parece mucho más interesado en descubrir qué demonios hay a la vuelta de la esquina.


170 MEDALLAS DE BRONCE Y UNA CIUDAD ENTERA DEBAJO DE LOS PIES

El paseo por el Barbary Coast Trail añade todavía otra capa a la historia.

El recorrido atraviesa algunos de los barrios históricos más importantes de San Francisco desde el antiguo U.S. Mint hasta Aquatic Park.

Son aproximadamente 3,8 millas —unos 6 kilómetros— y está señalizado mediante 170 medallones y flechas de bronce incrustados en las aceras.

No son simples adornos turísticos.

Marcan un recorrido por la historia de una ciudad construida a base de fiebre del oro, inmigración, negocios, violencia, puertos, hoteles, barcos, tranvías, aventureros y personajes que llegaron buscando fortuna y terminaron formando una de las ciudades más peculiares de Estados Unidos.

Y ahí aparece Plant.

Siguiendo placas de bronce en lugar de focos.


EL HOMBRE DE LED ZEPPELIN CAMBIÓ EL ESCENARIO POR LA ACERA

La imagen tiene algo casi cinematográfico.

Robert Plant caminando por San Francisco.

Sin una guitarra colgada.

Sin un escenario.

Sin una multitud esperando que grite una canción de 1971.

Simplemente observando.

Café.

Calles.

Historia.

Bronce.

Arquitectura.

Y esa clase de pequeños detalles que normalmente desaparecen cuando uno viaja de hotel en hotel, de aeropuerto en aeropuerto y de escenario en escenario.

Pero Plant lleva demasiado tiempo en esto como para necesitar que cada minuto de su vida parezca una gira de despedida.

El tipo simplemente sigue teniendo curiosidad.

Y quizá ahí esté una de las razones por las que continúa resultando tan interesante.


Y MIENTRAS TANTO, SAN FRANCISCO LE DEVOLVÍA EL FAVOR

Su visita coincidió con un fin de semana especialmente importante.

El Hardly Strictly Bluegrass regresó al Golden Gate Park entre el 2 y el 4 de octubre, y Plant cerró el domingo con Saving Grace y Suzi Dian.

Pero incluso antes de ese concierto ocurrió algo todavía más inesperado.

El sábado apareció por sorpresa durante el concierto de Buddy Miller, participando en varios temas.

Al día siguiente llegó su actuación principal con Saving Grace.

Y allí volvió a demostrar que su presente musical está bastante lejos de ser una simple excursión nostálgica a Led Zeppelin. El repertorio mezcló canciones de Zeppelin con folk, gospel, country y otras tradiciones musicales.

Incluso interpretó material de Zeppelin dentro de ese contexto completamente diferente.

Eso es Plant.

Coge una canción que millones de personas creen conocer y vuelve a abrirla por dentro.


78 AÑOS Y TODAVÍA SIN GANAS DE QUEDARSE QUIETO

Hay una frase que resume perfectamente su actitud actual.

Después de su actuación en San Francisco, Plant dejó claro que espera seguir haciendo esto durante la próxima década.

“I’ll see you in my 80s.”

Nos vemos en mis ochenta.

No suena exactamente a un hombre preparando el archivo definitivo de su carrera.

Suena a alguien que todavía piensa que queda demasiado mundo por recorrer.

Y quizá por eso resulta tan apropiado verlo caminando por una ciudad como San Francisco.

Porque esta ciudad tampoco parece demasiado interesada en quedarse quieta.


NO ESTABA BUSCANDO LED ZEPPELIN

Y esta es probablemente la mejor parte de toda la historia.

Mientras el planeta sigue intentando reconstruir una y otra vez el mito de Led Zeppelin, Robert Plant estaba haciendo otra cosa.

Buscando cafés.

Mirando placas.

Caminando por calles antiguas.

Entrando en lugares donde otros artistas, escritores y cineastas dejaron su rastro décadas antes.

No necesitaba encontrar el pasado.

El pasado ya estaba debajo de sus zapatos.

Y quizá esa sea la diferencia entre vivir de la nostalgia y tener historia.

Plant tiene las dos.

Pero parece bastante más interesado en la segunda.

Porque después de haber cantado sobre montañas, carreteras, dioses, mujeres, trenes y océanos...

todavía quiere saber qué hay al final de la siguiente calle.

Y eso, a estas alturas, es muchísimo más rock & roll que repetir una canción por obligación.


PUNTUACIÓN DE INSOLENCIA HISTÓRICA: 10/10

Robert Plant no necesitó una reunión imposible de Led Zeppelin.

Le bastaron unas calles de San Francisco, un café con memoria y 170 pequeñas piezas de bronce recordándole que algunas ciudades todavía saben contar historias.

Y el viejo león de Led Zeppelin siguió caminando.

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