⚔ IRON MAIDEN ⚔
El Sweden Rock no estaba preparado para semejante entrada, y lo más perturbador del asunto no es la inmensidad del vehículo, sino el hecho de que el vocalista de Iron Maiden negociara este transporte pesado extremo mientras se tomaba unas pintas en un bar. Atrás quedan las ridículas limusinas de cristales tintados y los paseos predecibles de las estrellitas de turno.
Dickinson ha decidido arrancar la etapa europea plantándose en el recinto a lomos de una bestia motorizada colosal, un mastodonte verde de ocho ruedas que aplastaría cualquier furgoneta sin inmutarse. La secuencia comienza mostrando el puro sudor del equipo técnico, arrastrando las míticas cajas negras marcadas con el sello de la banda por los pasillos de las instalaciones.
De repente, la calle nos escupe a un Bruce vestido con camisa de leñador y gorra, que con actitud totalmente callejera nos regala en pantalla los siguientes subtítulos de esta locura: "Aquí estamos, el primer festival de la gira, y por pura casualidad... ni siquiera os voy a aburrir con los detalles escabrosos de cómo terminé en un pub diciendo: '¿En serio? ¿Me estás diciendo que de verdad podemos ir en eso?' Y voilà, las autoridades suecas nos han prestado el Uber definitivo. ¡Allá vamos!".
El cantante se encaja en las tripas de la mole de acero junto a su gente y empieza el trayecto. A través del asfalto, asoman las cabezas para ondear una gigantesca bandera local y otra británica, saludando a una muchedumbre que pierde la cabeza al ver semejante aparato irrumpir en las inmediaciones. La estampa es de una chulería absoluta.
Una vez aparcados entre los fanáticos, el frontman salta por la compuerta trasera como si nada, se enfunda su chaqueta de cuero oscura en los vestuarios y suelta otra perla frente a la lente: "Qué día tan alucinante, mil gracias. Intentaremos devolveros el favor en cualquier momento, pero mientras tanto... tengo que ir a currar". Y vaya si cumple. Acto seguido, la realidad del directo te golpea en la cara: el escenario arde con llamaradas inmensas, Steve Harris galopa el bajo poseído por los demonios del ritmo y la masa de seguidores se convierte en un mar de cuernos y gargantas rotas. Iron Maiden factura un retorno monumental, dejando claro que las leyendas de verdad no andan con tonterías logísticas. Si te toca reventar la tarima, más vale que llegues pisoteando la normalidad y demostrando que te sobra calle para rato.

