LA GENÉTICA DEL DOBLE BOMBO Y EL ORIGEN ALEATORIO
Chris Fleming y Andrew Ingram, las mentes (y extremidades) detrás de GraveWitch, han cumplido doce años de trayectoria sobreviviendo a la adolescencia, a los cambios de formación y, sobre todo, a la falta de un nombre decente. En una confesión que haría llorar a cualquier experto en branding, admitieron que el nombre de la banda surgió al azar tras descartar "Mutually Assured Destruction", una opción que les pareció "demasiado thrash" para su gusto. Desde un punto de vista técnico-percusivo, la banda es un experimento genético exitoso: Andrew es hijo de otro batería, lo que explica por qué sus blast beats suenan con la precisión de alguien que aprendió a usar las baquetas antes que el tenedor.
EL ARTE DE TOCAR POCO PARA GRABAR MUCHO
Tras años de "grindear" en los escenarios, GraveWitch ha decidido aplicar la estrategia del repliegue táctico en 2026. En lugar de tocar en cada bar de mala muerte de Oregon, han optado por encerrarse a componer un tercer álbum de proporciones épicas que contará con hasta catorce canciones. Esta maniobra de ingeniería promocional busca evitar el estancamiento de las bandas que tocan las mismas diez canciones hasta que el público se sabe los errores de memoria. Su proceso creativo, que suele empezar con un riff de guitarra grabado apresuradamente antes de que Andrew le añada el caos rítmico, ha dado un giro inesperado: por primera vez han escrito letras antes que música, un hito histórico para la banda que promete desvelar una faceta más introspectiva (o simplemente más ruidosa) en su próximo material.
HURDLES FINANCIEROS Y LA ECONOMÍA DEL VINILO
Como toda banda que se precie de ser "underground", GraveWitch no es ajena al drama de las facturas y la precariedad laboral. Han confesado que su mayor reto no ha sido clavar un solo de guitarra a 200 BPM, sino encontrar trabajos estables que les permitan pagar el estudio de grabación en un mercado laboral que "contrata pero no te contrata". Para combatir este bache económico, apuestan por el coleccionismo nostálgico, vendiendo vinilos y CDs a una nueva generación que, como el sobrino de la entrevistadora, prefiere el formato físico aunque solo sea por el placer de tener algo que no desaparece si se cae el Wi-Fi. Su filosofía es clara: consistencia y resiliencia, porque si han sobrevivido doce años en la periferia del metal, no va a ser una crisis económica la que apague sus amplificadores.
NOTA DEL DEPARTAMENTO Y CIERRE
El Departamento de Nomenclatura Musical advierte que hacer listas de palabras para elegir nombre de banda puede terminar en desastres como "Mushroom Pizza" o "GraveWitch". Por suerte para ellos, lo segundo suena lo suficientemente malvado como para que nadie haga preguntas.
GraveWitch: Porque si puedes sobrevivir doce años basando tus decisiones en una hoja de libreta, el éxito es solo cuestión de no perder el papel.
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