Anthrax rompe un silencio de diez años con el lanzamiento de su esperado trabajo Cursum Perficio, pero los detalles entre bambalinas que ha destapado el bajista Frank Bello superan cualquier previsión. Durante su paso por el podcast Talk Louder, Bello dejó claro que el proceso hasta esta entrega ha sido una travesía repleta de anécdotas extravagantes, arrancando con el terremoto emocional de haber ganado un premio Grammy por su colaboración con Yungblud en homenaje a Black Sabbath, una celebración que terminó derivando en una resaca monumental de cinco días seguidos.
El bajista explicó que el álbum se gestó en el mítico Studio 606 de Dave Grohl, un auténtico parque de atracciones para músicos donde la búsqueda de sonido tomó un rumbo imprevisto. Rastreando por los rincones del recinto, Bello descubrió un viejo amplificador Mesa/Boogie olvidado al fondo del almacén, cuya respuesta sonora fue tan demoledora que se convirtió en la columna vertebral del bajo para todo el disco. Durante las sesiones, el propio Dave Grohl y Pat Smear irrumpían en el control para sacudir la cabeza sobre el sofá mientras escuchaban las tomas recién grabadas.
Entre las nuevas composiciones destaca NYC93, una pieza concebida para rescatar la crudeza urbana y la agresividad neoyorquina de los noventa, junto a temas donde la batería de Charlie Benante alcanza revoluciones desquiciadas. Bello reflexionó sobre cómo la música ha sido su válvula de escape para encauzar la rabia acumulada desde la infancia, recordando además la lección de humildad que le marcó la vida cuando tenía apenas trece años. Aquella noche congelada en Nueva York, él y un amigo esperaban a las puertas de los estudios Electric Lady y Steve Harris los vio tiritar desde un restaurante, invitándolos a entrar, pagándoles la cena y respondiendo a cada pregunta .
Ese espíritu de fan incondicional sigue intacto en el bajista, quien confesó que hace poco se cruzó a medio metro de Geddy Lee en el Madison Square Garden y prefirió guardar un respetuoso silencio para no incordiar a su ídolo . Diez años después, la banda regresa sin pedir permiso ni dar explicaciones a nadie, así que al que no le guste el meneo, que se ponga unos tapones y se pida un vaso de leche caliente.
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