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sábado, 21 de febrero de 2026

EL EVANGELIO SEGÚN KID ROCK: BILLETES DE CINCO MIL DÓLARES PARA IR AL CIELO (O A LA PRIMERA FILA)

En una nueva entrega de "El mundo contra mí", el autoproclamado profeta del rock patriótico, Kid Rock, ha decidido saltar a la arena digital para fustigar a los "falsos medios liberales" con la misma sutileza con la que un martillo hidráulico trata a una nuez. El bardo de Michigan, envuelto en la bandera de las barras y estrellas y protegido por el aura de un águila calva, ha salido al paso de los rumores que lo acusan de cobrar la módica suma de 5.000 dólares por un asiento en primera fila. Según el artista, la prensa ha decidido ignorar convenientemente que esos boletos de "primera clase" son una especie de reliquia sagrada extremadamente limitada, reservada para apenas veinte elegidos que quieran sentir el sudor del rockero a precio de crucero de lujo por el Mediterráneo.

Con la precisión contable de quien vende indulgencias en el siglo XVI, Kid Rock ha desglosado su tarifa de salvación auditiva: cinco billetes de los grandes para la fila uno, descendiendo en una escala de generosidad que termina en unos "humildes" mil dólares para la fila cinco. El músico lamenta que los periodistas, esos seres carentes de fe, prefieran centrarse en estos detalles monetarios en lugar de aplaudir que las entradas para el césped —donde la gente común puede disfrutar del espectáculo a través de un telescopio— cuestan solo cincuenta dólares. Para Kid Rock, la falta de informes sobre su heroica lucha contra los revendedores es solo otra prueba de la conspiración mundial en su contra, un giro de guion diseñado exclusivamente para robarle clics y empañar su gira "Freedom 250".

En un cierre digno de un predicador del cinturón bíblico, el artista ha anunciado que dedicará sus plegarias a los infieles de la comunicación, aunque con una advertencia final que haría temblar al mismísimo Andrew Kevin Walker: sabe que, tarde o temprano, "Dios los cortará". Así, entre promesas de justicia divina y cálculos de asientos VIP, el "Road to Nashville" se presenta como una peregrinación donde la libertad tiene un precio muy específico y la redención se compra en cómodas cuotas de cuatro cifras, siempre y cuando no seas un liberal con ganas de atacar el bolsillo de un patriota.


La defensa de Kid Rock es una obra maestra de la victimización de alto presupuesto. Al tratar de justificar asientos de cinco mil dólares como una exclusividad mística, el cantante eleva la inflación del rock a niveles teológicos. Es, en definitiva, la democratización del lujo: si eres pobre, tienes el césped; si eres rico, tienes a Dios de tu parte y a Kid Rock a dos metros. La mención a la justicia divina es el toque final perfecto para una narrativa donde la billetera y la Biblia parecen compartir el mismo compartimento en la furgoneta de la gira.

NOTA DEL DEPARTAMENTO: Se recomienda a los poseedores de entradas de primera fila llevar un paraguas, no por la lluvia, sino por la posible intensidad de las bendiciones (o salivazos) desde el escenario. La gerencia advierte que las plazas en el césped de 50 dólares no incluyen seguro contra rayos divinos ni protección contra los decibelios de la libertad absoluta.

Kid Rock: Porque la libertad no tiene precio, pero el asiento 1A cuesta exactamente cinco mil pavos.

Imagen utilizada con fines informativos en el contexto de una crónica cultural.


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