La escudería alemana BMW se ha pegado un señor batacazo de más del 7% en el parqué financiero, marcando sus números más bajos desde noviembre de 2020, todo gracias a la falta de tirón en el mercado chino y al jaleo energético que hay montado en Oriente Medio. La broma no ha salido barata y ha terminado arrastrando al fango a otros pesos pesados del asfalto como Volkswagen y Mercedes, dejando el panorama de los coches de lujo con una resaca de las que piden ibuprofeno y cama oscura.
El margen de beneficio se les ha quedado en los huesos, cayendo en picado de un cómodo 6% a un raquítico 1%. Los analistas de Jefferies ya están cantando la alineación titular y advierten que a los directivos bávaros no les va a quedar otra que agarrarse los machos y meter tijera en sus fábricas europeas. Resulta que el cuento de hadas de vender coches a espuertas en China se ha topado con una realidad muy chunga: los fabricantes locales asiáticos han metido la directa y les están comiendo la tostada por la vía rápida, dejando a las marcas europeas de toda la vida tocando el claxon en el arcén.
Para rematar la faena, la subida desmedida en los precios de la energía provocada por las tensiones geopolíticas ha dejado a la peña con los bolsillos tiritando y sin ganas de pasearse por los concesionarios de alta gama. Desde la propia cúpula de la marca confiesan que el salvavidas de las ventas en Estados Unidos y Europa no tiene aire suficiente para reflotar semejante agujero financiero. Ahora toca repensar toda la estrategia desde los cimientos si no quieren que este gigante del motor termine cogiendo polvo en el desguace de las malas decisiones empresariales.
Si vas a vender maquinaria de lujo a precio de oro mientras el personal hace malabares para pagar la luz, luego no te quejes si te dejan en visto en el concesionario.
No hay comentarios:
Publicar un comentario