Fotografía: V-spectrum · Licencia Creative Commons CC BY-SA 4.0 .
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Cuarenta y cuatro años de thrash, una película nacida casi por casualidad y una defensa clara de la presencia femenina en el metal. Marcel «Schmier» Schirmer, voz y bajo de Destruction, aprovechó su paso por la Full Metal Cruise XIII para mirar atrás sin quedarse atrapado en la nostalgia y hablar de una banda que ha sobrevivido a cambios, crisis y décadas de transformación musical.
La conversación arranca con una valoración especialmente positiva del concierto que acababan de ofrecer: Schmier lo considera una de las mejores actuaciones de Destruction en el evento. Una buena forma de comenzar una charla que termina recorriendo los orígenes del thrash alemán, el futuro de la escena y una experiencia cinematográfica que no estaba prevista en los planes iniciales del grupo.
DE LA NWOBHM A UNA VELOCIDAD QUE CAMBIÓ LAS REGLAS
Destruction nació en 1982, cuando la New Wave of British Heavy Metal ya había demostrado que el heavy podía endurecerse sin perder su capacidad para crear himnos. Pero Schmier y sus compañeros buscaban llevar aquella energía más lejos: más velocidad, más agresividad y una identidad propia.
Ese impulso formó parte del desarrollo del thrash metal alemán, una escena que durante los años ochenta ayudó a ampliar los límites del metal extremo. Kreator y Sodom aparecen en esa conversación como nombres fundamentales de una generación que construyó su lenguaje a base de riffs afilados, ritmos acelerados y una actitud alejada de cualquier pulido comercial.
Accept también ocupa un lugar importante en ese mapa histórico, aunque desde una vertiente distinta del heavy metal alemán. Su influencia y su proyección internacional contribuyeron a que el país se convirtiera en una referencia para músicos y seguidores de todo el mundo.
Más de cuatro décadas después, la historia de Destruction permite observar cuánto ha cambiado el género desde aquellos primeros años y cuánto conserva todavía de su espíritu original.
BURNING WITCHES: APOYAR A QUIENES VIENEN DETRÁS
Otro de los asuntos destacados es la relación de Schmier con Burning Witches. El músico recuerda que apoyó al grupo durante sus primeros pasos y defiende una escena con más mujeres y más bandas femeninas.
Su postura apunta a una cuestión que va más allá de una colaboración puntual: el metal necesita abrir espacio, ofrecer oportunidades y permitir que nuevas formaciones encuentren su público. La presencia femenina no debería tratarse como una excepción promocional, sino como parte natural de una escena diversa y en evolución.
Schmier tampoco cierra la puerta a una futura colaboración con Burning Witches. Por ahora, esa posibilidad queda abierta; no se presenta como un proyecto confirmado. Pero el simple hecho de contemplarla deja una puerta entreabierta para quienes disfrutan viendo cruzarse a distintas generaciones del metal.
UNA PELÍCULA QUE EMPEZÓ SIN UN GRAN PLAN
La historia del documental de Destruction tiene un origen bastante menos calculado de lo que podría imaginarse. Según cuenta Schmier, todo comenzó cuando un cineasta aficionado al metal pidió acompañar a la banda durante una gira.
Lo que podía haber sido una experiencia breve terminó prolongándose durante años. La pandemia de COVID-19 complicó el desarrollo del proyecto y alteró los planes, pero las cámaras siguieron registrando la trayectoria del grupo hasta que el material pudo convertirse en una película.
Ese proceso cambió la naturaleza del relato. En lugar de limitarse a celebrar una carrera, el documental recoge tanto los buenos momentos como las dificultades y los cambios que forman parte de la vida real de una banda.
La decisión de mostrar esa cara menos cómoda fue bien recibida por los seguidores, según explica Schmier. El resultado llegó a proyectarse en salas de cine y posteriormente a plataformas de streaming, llevando la historia del grupo más allá del circuito habitual de conciertos y publicaciones musicales.
EL LEGADO TAMBIÉN SE CONSTRUYE MOSTRANDO LAS CICATRICES
Hay una diferencia entre repasar una carrera desde la distancia y permitir que una cámara acompañe a una banda mientras atraviesa sus propias circunstancias. En el segundo caso, el relato no depende únicamente de los recuerdos: también conserva los imprevistos y las dificultades que aparecen por el camino.
Ese es uno de los aspectos más interesantes del documental. Destruction no queda reducida a una colección de discos clásicos ni a una sucesión de actuaciones; su historia se presenta como una trayectoria humana y musical que ha tenido que adaptarse a situaciones que nadie podía controlar por completo.
Schmier llega a esta conversación con 44 años de historia a sus espaldas, pero sin limitarse a mirar por el retrovisor. Habla de una escena que debe seguir creciendo, reconoce a las bandas que empiezan y reivindica una memoria musical que merece conservarse sin convertirla en una pieza de museo.
El thrash alemán nació de la necesidad de ir más rápido y sonar más duro. Cuatro décadas después, su legado también se mide por la capacidad de apoyar a quienes llegan y contar la historia completa, incluso cuando el camino se complica.
STHDMETAL — THE ANGEL OF NOISE
ENTREVISTA COMPLETA: Schmier über 44 Jahre Destruction, Burning Witches & den eigenen Film | Full Metal Cruise XIII
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