STHDMETAL APOCALYPTIC NEWS 2026
Megadeth – Megadeth (2026) •
Kreator – Krushers of the World (2026) •
Exodus – Goliath (2026) •
Lamb of God – Into Oblivion (2026) •
Rob Zombie – The Great Satan (2026) •
Dimmu Borgir – Grand Serpent Rising (2026) •
Atreyu – The End Is Not the End (2026) •
CORROSION OF CONFORMITY - Good God / Baad Man (2026) •
GREEN CARNATION - A Dark Poem, Part II: Sanguis (2026) •
WINTERFYLLETH - The Unyielding Season (2026) •
HELLRIPPER - Coronach (2026) •
NEUROSIS - An Undying Love For A Burning World (2026) •
LION'S SHARE - Inferno (2026) •
BLACK LABEL SOCIETY - Engines Of Demolition (2026) •
NIHILANTH - Detritus Of Ruin (2026) •
SAMURAI PIZZA CATS - Press Start (2026) •
Nuevos lanzamientos metal cada semana 2026 •
Álbumes confirmados 2026 •
Thrash metal 2026 •
Nuevos discos metal extremos 2026 •
STHDMETAL – METAL NEWS TV – ACTUALIZACIÓN 2026
Airbourne se ha liao la manta a la cabeza y ha soltado una carta escrita a mano pal tito Lemmy Kilmister, que en paz descanse el hombre entre cubatas de Jack Daniels, confesando que llevan seis años encerraos como si estuvieran haciendo oposiciones. Resulta que el jefe de Motörhead, que era más listo que el hambre, les soltó una verdad como un templo: que se dejen de pamplinas de la industria y de moderneces, que ellos tienen que hacer música que le mole a sus roadies. Porque, vamos a ver, si el que tiene que cargar con los bafles y aguantar el ensayo cuatrocientas veces no se pega un baile, es que el disco es un mojón de categoría.
Los australianos, que son más brutos que un arado, se tomaron el consejo a pecho y se han pegao un lustro largo haciendo "criba" de canciones, tirando cosas a la basura y volviendo a empezar de cero, buscando el "oro" entre tanto ruido. Se encerraron a cal y canto, bajando la persiana del garito para que nadie les molestara mientras buscaban ese sonido que te vuela la peluca de un plumazo. Al final, han tenido que venir Mutt Lange y el Bryan Adams a echarles una mano con la artillería pesada para que el invento terminara de cuajar, que ya estaba la cosa tardando más que una obra del Ayuntamiento.
El resultado de tanto sofocón y tanta filosofía de barra de bar es "Alive After Death (Last Plane Out)", un tema que suena a gloria bendita y que demuestra que estos chavales han preferido gastarse las suelas antes que venderle el alma al diablo de las modas. Han seguido el manual del tito Lemmy al pie de la letra: si los tíos que montan el escenario no te tiran un botellazo, es que la canción es buena de verdad.
Ya era hora de que salieran de la cueva, que ya tenían que oler a tigre de tanto encierro, pero viendo cómo suena la cosa, se les perdona hasta el retraso.
Si a los que cargan las furgonetas les mola el ritmo, es que el disco está más apretao que los remaches de un submarino.
La matriarca del clan más macarra de la historia, Sharon Osbourne, ha vuelto a las andadas en su podcast y, fiel a su estilo, no ha dejado títere con cabeza (empezando por la suya propia). En una charla con su hijo Jack, Sharon ha confesado que su reciente vida social —esa que la tiene de evento en evento ahora que vive sola— se ha visto saboteada por su propio despiste farmacéutico. Resulta que la jefa mezcló sus pastillas del día con las de dormir y se presentó en el cumpleaños de un amigo con un colocón de sueño que ni un oso en invierno. "Me tomé una pastilla para dormir por error y no podía ni hablar del cansancio", soltó entre risas, dejando claro que a sus 73 años lo de leer las etiquetas de los botes es una actividad de riesgo.
Pero más allá de sus peripecias con la química, el bombazo informativo llega de la mano de Black Sabbath. Jack y Sharon confirmaron que, tras años de litigios, por fin han recuperado las maquetas originales de Earth (el nombre embrionario de la banda) que estaban en manos de su antiguo manager Jim Simpson. "Es historia de la música", afirmó Jack, revelando que ya han escuchado el material y que suena "increíblemente diferente" pero con la esencia intacta. Este rescate documental promete ser el plato fuerte de una serie de proyectos "de muy buen gusto" que están preparando para honrar el legado de Ozzy y la banda, alejándose de los biopics edulcorados que tanto detestan.
La crónica familiar no se quedó ahí, porque si algo les gusta a los Osbourne es repartir estopa:
Coachella bajo fuego: Sharon no tuvo reparos en llamar timo a los precios del festival. "Nadie les pone una pistola en la cabeza para pagar por comida y bebida carísima", sentenció, mientras Jack confesaba que no pisaría el desierto a menos que le pagaran por trabajar allí.
El juicio de Blake Lively: La familia analizó el circo mediático entre Lively y Justin Baldoni, comparándolo con el de Johnny Depp. Sharon, que no es precisamente de las que se muerde la lengua, criticó el vestuario de la película y sugirió que todos deberían irse a casa a disfrutar de sus millones en lugar de saturar los juzgados.
Ozzy y los Piratas del Caribe: En un giro inesperado, Sharon confirmó que Disney intentó que Ozzy hiciera una prueba para un papel de pirata, pero ella misma lo mandó "a paseo" en cuanto escuchó el nombre de la productora.
Para cerrar el episodio, Jack dejó caer que el Ozzfest ya calienta motores con una salida a la venta prevista para noviembre, prometiendo que lo que viene no será "corny" (cursi), sino un golpe de autoridad en la mesa del metal.
Si Sharon sobrevive a su botiquín personal, parece que 2026 será el año en el que los archivos secretos de los Sabbath por fin vean la luz para regocijo de los que aún prefieren el cuero a los algoritmos.
Lo de confundir el desayuno con un somnífero es de profesional, pero teniendo en cuenta que Sharon ha sobrevivido a Ozzy durante décadas, un par de horas de siesta involuntaria en una fiesta es prácticamente una medalla al mérito.
Vaya papeleta se han comido los chavales de 1914 al cruzar la frontera italiana. Después de marcarse un concierto de categoría, se las prometían muy felices volviendo a casa con la recaudación para sus cosas, pero no contaban con que la Guardia di Finanza se iba a poner más tiquismiquis que una suegra mirando el polvo de encima del armario. Los agentes los pararon y, con un arte que ya quisieran algunos, les hicieron un registro que ni si llevaran el tesoro del Galeón San José en la furgoneta. El problema vino cuando vieron una caja llena de billetes, que según la banda era para comprar suministros y ayuda en su tierra, pero para los carabinieri aquello olía a "aquí pillamos cacho nosotros".
Al final, la broma les ha salido por 4.800 euros de multa, una retención que les ha dejado la cara más blanca que a un guiri en la Feria de Abril a las cuatro de la tarde. Los músicos intentaron explicar por activa y por pasiva que el dinero era legal, que no superaban el límite por cabeza y que tenían todos los papeles en regla, pero a los agentes les entró un ataque de sordera súbita. Ni llamadas a abogados ni nada; allí se aplicó el "artículo 29" por la cara y se quedaron con la manteca bajo el concepto de sanción. Los pobres ucranianos tuvieron que leer el acta oficial traducida con el Google Traductor, que ya sabemos que traduce igual de bien que un niño de tres años con un polvorón en la boca.
Es para mear y no echar gota: los tíos pagando sus impuestos, enseñando los contratos de los conciertos y, aun así, la pasma italiana decidió que esa caja de caudales estaba mejor custodiada en las arcas del Estado que en manos de unos metaleros con barba. Menudo "regalito" de despedida se han llevado de la bota de Europa. Los de 1914 han soltado su mosqueo en redes diciendo que los agentes se habrán quedado bien a gusto con el botín, porque lo que es justicia, han visto poquita. Se ve que en Italia, como te vean con un fajo de billetes y no lleves puesto un traje de Armani, te miran con más sospecha que a un gato en una carnicería.
A estos pobres les han hecho el lío de tal manera que, la próxima vez que pisen Italia, van a llevar el dinero escondido hasta en los calcetines para que no les vuelvan a desplumar con tanta elegancia.
A ver si con esos cinco mil pavos los agentes se pagan un curso de inglés, que lo de usar el Google Traductor para poner multas es de tener la cara de cemento armado.
Parece que lo de colgar las botas era solo una estrategia de marketing para irse de vacaciones, porque Slayer ha decidido que Los Ángeles es su nuevo patio de recreo particular. Tras fulminar las entradas para el 13 de noviembre en el Kia Forum, los reyes del ruido han anunciado una segunda fecha consecutiva el 14 de noviembre. Porque claro, una sola noche de tortura auditiva no era suficiente para saciar el hambre de unos fans que están dispuestos a pagar lo que sea con tal de ver a Tom Araya y Kerry King juntos otra vez antes de que se arrepientan (o se vuelvan a pelear).
La jugada es maestra: anuncian el "sold out" y, ¡pum!, sacan otra fecha de la chistera para que los rezagados se peguen por el código de preventa RIB2026. Y ojo al despliegue de invitados, porque no vienen solos a cobrar el cheque. En Los Ángeles se traen a Cannibal Corpse, Cavalera y Crowbar, un menú ligero ideal para los que disfrutan de un buen dolor de cervicales y un pogo que parece una lavadora llena de ladrillos. Mientras tanto, en septiembre harán una parada en Minnesota con Down, Suicidal Tendencies y Hatebreed, por si alguien tenía dudas de que este "regreso" va en serio y con ganas de hacer caja.
Es fascinante ver cómo una banda que se despidió con toda la parafernalia del mundo ahora descubre que Los Ángeles es tan grande que necesita dos noches para que todo el mundo pueda pasar por caja. El "Adiós" se ha convertido en un "Hasta luego, que me he dejado las llaves y el plan de pensiones puesto". La maquinaria del metal no descansa, y menos cuando hay miles de personas dispuestas a dejarse la paga en una entrada que vale más que un riñón en el mercado negro.
Prepárate para la preventa o llora en la puerta del Forum, porque estos tíos han vuelto para demostrar que el infierno puede esperar, pero los promotores de conciertos no.
Como estos sigan añadiendo fechas "por aclamación popular", van a dar más vueltas que un ventilador de techo en pleno agosto sevillano.
Si esperabas el típico discurso de estrella del rock relamida, mejor vete a leer el horóscopo. Lynx the Huntress se bajó del escenario del Hell’s Heroes confesando que se le escaparon las lágrimas, pero no por ternura, sino porque sobrevivir a la logística de Viperwitch sin asesinar a nadie es un milagro digno de canonización. A sus 40 años, la jefa admite que el cuerpo le cruje como una cama vieja, pero su mente sigue siendo un búnker de obsesión y perfeccionismo donde el error se paga con el fuego eterno.
La capitana de la banda convive con un autismo que convierte cada concierto en una partida de ajedrez contra el desastre. Mientras otros se bajan del bus a ver quién tiene la cerveza más fría, Lynx está contando los segundos, fabricando piedras de cartón piedra y revisando que las máquinas de humo no parezcan un vaper averiado. Su paciencia es tan corta como un solo de grindcore: ha dejado claro que, si el espectáculo no roza la perfección absoluta, prefiere quemar el equipo, tirarlo a la basura y ver cómo arden los dólares antes que parecer una aficionada. Aquí se viene a dar el callo o a recoger las cosas en silencio.
Pero lo mejor es el recadito que ha dejado para el tercer disco. Lynx se ha cansado de las melodías "bonitas" y del power metal para todos los públicos. Dice que ya ha soltado todo ese lastre y que lo que viene ahora es una vuelta al salvajismo analógico. La orden para sus secuaces es sencilla y despiadada: prohibido bajar de los 200 BPM. Quiere que el próximo álbum sea una ensalada de velocidad, furia y acero donde los solos de guitarra se peleen por ver quién corta más cabezas.
Viene del deporte de élite y de curtirse en ambientes donde la debilidad se huele a kilómetros, así que ha decidido que Viperwitch deje de ser una banda para convertirse en una apisonadora de speed metal. Se acabaron los experimentos lentos; ahora el plan es ametrallar al personal con un metrónomo puesto en modo suicida y una mala leche que haría temblar al mismísimo King Diamond.
Como ponga el disco a 200 por hora va a haber más de uno que se va a quedar con el pescuezo más tieso que una vara de nardos.
La ciudad de las estrellas ha sucumbido al martilleo de Huntington Park. No ha hecho falta ni que se abrieran las taquillas generales para que el Kia Forum colgara el cartel de no hay billetes para el 13 de noviembre. Ante el desborde de una masa que se niega a dejar morir el legado más afilado del género, Slayer ha soltado el lastre: habrá una segunda noche de castigo el sábado 14 de noviembre de 2026.
Lo que está pasando en Los Ángeles no es una reunión más; es la conmemoración de los 40 años del Reign in Blood, ese disco que en apenas 28 minutos redefinió la velocidad y la mala uva en 1986. La banda, que ya juró bandera en este mismo escenario durante su supuesta despedida en 2019, regresa al lugar del crimen para ejecutar el álbum íntegramente. Si el viernes 13 ya prometía ser un despliegue de hostilidad con Cannibal Corpse, Cavalera (revisitando el Chaos A.D.) y Crowbar, esta nueva fecha del sábado asegura que el suelo del Forum no va a dejar de temblar en todo el fin de semana.
LA LOGÍSTICA DEL ASALTO
Para los que no quieran quedarse rascando la pared, la preventa para este segundo asalto arranca hoy mismo, 23 de abril, a las 9:00 AM PT con el código RIB2026. La venta para el público general se abre mañana, 24 de abril, a las 10:00 AM PST. Las entradas para esta ceremonia de velocidad están disponibles a través de Ticketmaster en el siguiente enlace oficial: Slayer - Kia Forum 14/11/2026.
Quien piense que esto es un ejercicio de nostalgia barata no ha entendido nada. Slayer vuelve porque la demanda de intensidad no ha encontrado relevo a la altura. El cuarteto sigue siendo esa maquinaria de precisión que no entiende de medias tintas ni de postureo radiofónico. Si quieres ver cómo se despacha el disco más influyente del metal extremo en su propio patio trasero, más vale que tengas el dedo rápido en el ratón.
Si te duermes en los laureles y te quedas fuera, siempre podrás conformarte con escuchar cómo retumba el cemento desde el aparcamiento.
Batman puede dormir tranquilo, o quizás no tanto, porque Warner Bros. acaba de soltar el primer adelanto de Clayface y lo que vemos no es una película de tipos en mallas, sino un descenso directo a las pesadillas de los efectos prácticos.
Olvidaos de las explosiones genéricas y los discursos heroicos. El teaser de Clayface nos lanza a la cara una atmósfera asfixiante, cargada de una tensión que se masca. No es una historia de origen amable; es una lectura emocional del trauma y la deformidad. La estética apuesta por un realismo sucio, donde la textura del barro y la piel se confunden en una coreografía grotesca que busca incomodar más que entretener.
La decisión artística de alejarse del espectáculo visual vacío para centrarse en el horror corporal es, cuanto menos, valiente. El video nos muestra destellos de una transformación que duele, una metamorfosis física que parece un castigo divino más que un superpoder. Es una pieza cinematográfica que se siente exclusiva en su crudeza, alejándose de cualquier fórmula preestablecida para entregarnos algo que respira identidad propia.
FECHA DE ESTRENO Y DETALLES
Lanzamiento: Solo en cines el 23 de octubre.
Tono: Terror psicológico y drama visceral.
Producción: Bajo el sello de DC Studios y 6th & Idaho.
La pieza cierra con una imagen que se queda grabada: el proceso de "moldeado" de una identidad que ya no existe. Una apuesta arriesgada que promete devolverle al cine de personajes de cómic esa mala leche y elegancia que algunos ya daban por perdida.
Prepara el cuerpo, porque este octubre el cine de género en España se va a poner muy, muy sucio.
En la reciente charla con David Ellefson, Gus G. no ha soltado ni una palabra de resquemor sobre no haber estado en los últimos coletazos en vivo de Ozzy Osbourne. El guitarrista griego, fiel a su estilo pasota y profesional, ha preferido centrarse en lo que de verdad importa: su música y su legado. Aunque relata con detalle cómo fue su salida progresiva de la banda del "Madman" allá por 2016, no hay rastro de llantos por no haber sido invitado a los shows de despedida o eventos especiales recientes.
Gus explica con total naturalidad que su etapa con Ozzy fue una montaña rusa que duró mucho más de lo previsto. Lo que empezó como un contrato para un disco ('Scream') y una gira, se alargó durante siete años simplemente porque la oficina seguía llamándolo. Sin embargo, aclara que cuando Black Sabbath se reunió y luego Ozzy decidió arrancar el "No More Tours 2", Zakk Wylde regresó al redil de forma natural. Para Gus, aquello no fue un desplante, sino el cierre de un ciclo que le permitió retomar sus propios planes con Firewind y su carrera en solitario sin mirar atrás.
Lejos de alimentar polémicas baratas de las que gustan en los programas de chismorreo metálico, el griego deja claro que su relación con el entorno de Ozzy siempre fue de respeto. Se siente parte de la leyenda por haber aportado su granito de arena en una situación complicada, entrando a grabar temas que ya estaban escritos y dándoles su toque personal bajo la mirada atenta de los fans más radicales. Si no estuvo en el último sarao, parece que le importa lo mismo que el precio del kilt de Zakk Wylde.
Gus G. está ahora en otra liga, promocionando su 'Steel Burner' y colaborando con lo más granado de la escena europea. Sabe que su nombre ya está grabado en la historia del rock y no necesita mendigar invitaciones para validar su talento. Al final del día, el tipo está más preocupado por cómo suena su guitarra Jackson que por las fotos de familia en las que no sale.
A este paso, Gus va a terminar siendo más selectivo que un portero de discoteca de lujo; si no hay buena música de por medio, que no lo busquen. El eje de su universo ahora es ese disco híbrido, que cae este 24 de abril, una apuesta arriesgada donde ha decidido que el 50% de las pistas sean instrumentales, dejando que su destreza hable por sí sola, mientras que el otro 50% cuenta con colaboraciones vocales que quitan el hipo. No es un capricho; Gus trata la guitarra como la voz cantante, huyendo de esos discos de "shred" aburridos que parecen una clase de gimnasia para los dedos.
La joya de la corona en este nuevo trabajo es, sin duda, la participación de Doro Pesch. Gus desveló que el tema que grabó con la reina del metal alemán era una composición que tenía guardada en el disco duro desde hace una década. Irónicamente, la escribió pensando en que podría encajar en un álbum de Ozzy, pero tras años acumulando polvo digital, ha encontrado su hogar definitivo en la garganta de Doro. No es la única bestia que asoma por el disco; también ha reclutado a Matt Barlow (Iced Earth), Ronnie Romero y al joven prodigio Dino Jelusick, a quien el propio Gus califica como un "monstruo" capaz de merendarse cualquier registro de la vieja escuela.
Incluso el título del álbum tiene esa guasa de quien hace lo que le da la gana. 'Steel Burner' surgió de un encargo para una empresa de máquinas de corte industrial en Tesalónica. Gus se plantó allí para hacer un solo sobre una mole de acero y la química fue tan bruta que decidió que ese sería el motor de todo el disco. Ahora, con el preventa ya en marcha, el griego se prepara para defender estas canciones con su arsenal de Jackson personalizadas, demostrando que no le hace falta estar a la sombra de ningún castillo para brillar con luz propia.
¡Tiene este griego más ángel que una estampa y más peligro con el hacha que un nublado en mitad de la Feria!
TARJA – I DON’T CARE (FRISSON NOIR TRACK BY TRACK)
STHDMETAL / ANGEL OF NOISE
Tarja Turunen no ha venido a pedir permiso ni a seguir banderas ajenas, y su nuevo single "I Don't Care" es el recordatorio definitivo de que la finlandesa solo responde ante su propia visión.
En este adelanto de 'Frisson Noir', el álbum que aterrizará el 12 de junio de 2026, la soprano deja claro que su carrera se construye sobre una soberanía absoluta. "I Don't Care" es una declaración de independencia feroz; un corte donde Tarja expone que jamás ha permitido que le dicten cómo vivir o qué camino artístico tomar. Según ella misma confiesa, si antes le importaba poco la opinión ajena, recientemente ese sentimiento se ha radicalizado.
La artista lanza un dardo directo a la inercia social actual. Observa con ojo crítico a esa masa que sigue corrientes por pura necesidad de pertenencia, personas que levantan banderas y salen a la calle sin cuestionarse si lo que hacen tiene sentido para ellos o si siquiera entienden el trasfondo de sus actos. Con este tema, busca sacudir conciencias y obligar al oyente a preguntarse quién es realmente y qué es lo que quiere, más allá del ruido externo.
Para elevar el mensaje a un nivel superior, la colaboración con Dani Filth se presenta como el movimiento maestro. Tarja define esta alianza como la pareja perfecta, ya que ambos artistas comparten esa faceta de personajes insobornables que no temen hacer declaraciones de intenciones contundentes a través de su arte. El resultado es una pieza que trasciende lo musical para convertirse en un manifiesto de autenticidad, lejos de las fórmulas masticadas que el sistema intenta imponer.
Si buscas a alguien que te diga qué hacer, mejor mira hacia otro lado, porque a Tarja le importa todo, bastante poco.
La noticia ha saltado como un resorte y no es para menos: Stephen Pearcy ha decidido subir la apuesta incorporando a sus filas a Joel Hoekstra, un tipo que no necesita presentación tras su paso por Whitesnake y Trans-Siberian Orchestra.
Esta unión no es un simple parche de última hora, sino un movimiento estratégico para darle un mordisco letal al repertorio clásico que marcó la era dorada del Sunset Strip. Pearcy, que siempre ha sabido rodearse de talento para mantener el nombre de su banda madre en el candelero, busca con este fichaje esa precisión técnica y presencia escénica que Hoekstra domina a la perfección.
Es un secreto a voces que la química sobre las tablas va a redefinir el sonido de himnos como "Round and Round" o "Lay It Down", alejándose de cualquier intento de nostalgia barata para centrarse en una ejecución impecable y vibrante. Mientras otros se pierden en litigios de marcas registradas, el vocalista original prefiere meter en su equipo a un profesional que maneja las seis cuerdas con una soltura envidiable, asegurando que el veneno de Ratt siga fluyendo con una intensidad renovada. La incorporación de Hoekstra aporta una textura mucho más rica y una energía desbordante que va a poner a prueba la resistencia de cualquier recinto que se atreva a recibirlos.
Si esperabas una reunión de las que terminan en el juzgado, mejor busca otro canal, porque aquí lo que hay es ganas de comerse el mundo a base de profesionalidad y actitud.
La espera ha terminado y el silencio se rompe con el estruendo controlado de Grand Serpent Rising, el nuevo trabajo de Dimmu Borgir que verá la luz el próximo 22 de mayo a través de Nuclear Blast. Han pasado ocho años desde que los noruegos decidieron resguardarse bajo el radar, una estrategia de sombras necesaria para gestar lo que Silenoz define como una colección de piezas que no entienden de compromisos industriales. En una reciente charla con The Everblack Podcast, el guitarrista dejó claro que la banda no cocina en microondas; prefieren el fuego lento de la composición meticulosa, esa que sacrifica el ego en favor de la atmósfera y la solidez técnica.
El proceso creativo de este disco ha sido un ejercicio de purga. Silenoz confiesa que el material descartado supera con creces lo que finalmente llegó al máster final. Es el instinto del productor el que toma las riendas, obligando a matar a los "queridos" —esas ideas complejas que, aunque brillantes, no encajaban en el puzle emocional del álbum—. Han vuelto a trabajar con el legendario Fredrik Nordström, quien ha sabido pulir unas demos que ya venían blindadas desde 2018. Aquí no hay espacio para la improvisación de último minuto; la banda entró al estudio con cada capa de teclado y cada gutural perfectamente ubicados, permitiendo que la producción simplemente eleve una estructura que ya era robusta.
Grand Serpent Rising se siente como un ascenso triunfal, especialmente en cortes como el séptimo tema (cuyo título noruego evoca la memoria de un alquimista), donde las melodías y los coros alcanzan una escala épica que promete ser el punto álgido de sus próximos directos. Silenoz y Shagrath mantienen esa química incombustible basada en la terquedad y una visión compartida de la integridad artística; prefieren tardar casi una década en publicar antes que entregar un producto vacío para engordar la cuenta bancaria.
Además de la maquinaria principal, el guitarrista ha confirmado que el nuevo asalto de Insidious Disease ya está grabado y en fase de mezcla, tras esperar el tiempo necesario para que Russ realizara la producción completa tras superar sus problemas de salud. Con planes de llevar este nuevo culto sonoro a tierras australianas y una preventa que ya está agotando ediciones en vinilo, queda claro que el estatus de la banda como arquitectos del género sigue intacto.
Si buscas algo rápido y procesado, mejor mira hacia otro lado; esto es una ceremonia de ocho años de duración condensada en un disco.
TED POLEY vs SEBASTIAN BACH – CRUISE INCIDENT DRAMA
STHDMETAL / ANGEL OF NOISE
Ni marejadilla ni leches, lo que ha pasao en el crucero del Monsters of Rock ha sido un tsunami de vergüenza ajena de los que hacen época. Resulta que a Sebastian Bach, el que fuera el "guaperas" de Skid Row, se le ha ido la pinza de una manera que ni un trompo sin cuerda. El primero en saltar a la palestra ha sido Ted Poley, el de Danger Danger, que ha llegao a su casa, se ha quitao los zapatos y ha soltao un comunicado en Facebook que aquello ardía más que una paella de domingo al sol.
Dice Ted que lo de Sebastian no tiene nombre. Que el tío iba por el barco con un castañazo monumental, buscando bulla con todo el que se cruzaba. Poley, que es un bendito, fue a decirle "hola, buenas tardes" y por poco se lleva un viaje. Según cuenta, el Bach estuvo dando la nota en la fiesta VIP, haciendo el mamarracho delante de su mujer y sus hijos, que los pobres tendrían una cara de querer tragarse la tierra que no veas. Ted lo ha sentenciao: "Eres un acabao y un maleducado". ¡Toma castaña!
Pero la cosa no se queda ahí, porque Stevie Rachelle, el de Tuff, que tiene más tiros pegaos que el Olivo de la Paz, también ha recibío lo suyo. Stevie, con toda la buena intención del mundo, fue a darle la mano para arreglar las cosas del pasado, y Bach se puso a pegarle chillidos como si le hubieran pisao un juanete. Le dijo de todo menos bonito: que si estaba gordo, que si su web era una porquería... ¡hasta le preguntó si quería fotos de sus partes íntimas! Un espectáculo dantesco, vamos. En cuanto llegó la seguridad, Sebastian se puso más gallito todavía, haciendo el paripé de "sujetadme que lo mato" cuando ya no podía llegar a él.
Lo más curioso de la feria es que, mientras el Bach iba por ahí como un miura desbocao, otros como Michael Sweet de Stryper dieron una lección de señorío. Stevie también se cruzó con él y, en vez de bronca, hubo apretón de manos, intercambio de teléfonos y buen rollo. Uno demostrando que es un caballero y el otro pareciendo que se había escapao de un capítulo malo de Jersey Shore.
Si Sebastian no deja el zumo de cebada y baja un poquito el lomo, va a terminar cantando solo en la ducha, porque a este paso no lo van a querer ni para anunciar champú anticaspa.
Si vas a ir de estrella por la vida, por lo menos que no se te note tanto que tienes las luces fundidas.
Richie Faulkner ha logrado lo que parecía un rompecabezas logístico inalcanzable: dar vida a 'Evolution', el segundo paso de Elegant Weapons, mientras las giras mundiales y los compromisos de sus integrantes amenazaban con congelar el reloj. Lo que para otros sería un proyecto paralelo, para el guitarrista de Judas Priest es una entidad con pulso propio que se ha gestado en los huecos de una agenda de hierro.
La grabación de este nuevo material no ha seguido los cauces habituales. Las baterías se registraron incluso antes de que el primer álbum viera la luz, aprovechando esos escasos momentos en los que el cuarteto coincidía físicamente. Faulkner destaca que, aunque el bajo y las voces se trabajaron a distancia mediante sesiones virtuales que emulaban la cercanía de un estudio real, la base rítmica necesitaba esa colisión de energías en una misma habitación para capturar la espontaneidad que el género exige.
'Evolution' no es solo un título; es una declaración de intenciones musicales. El álbum se atreve con terrenos que Faulkner admite no haber pisado antes con frecuencia, incluyendo la inclusión de una balada pura titulada "Come Back to Me" y el uso de instrumentos menos habituales en su arsenal, como guitarras acústicas. Para piezas específicas como "Keeper of the Keys", Faulkner decidió aparcar su icónica Flying V en favor de una Stratocaster de 1958 con un tono más cercano al espíritu de Deep Purple o Rainbow, buscando la textura exacta que la composición reclamaba.
Uno de los momentos más crudos y honestos del disco llega con "Rupture", una pieza instrumental que evoca la experiencia médica extrema que Faulkner vivió recientemente. En ella, se puede percibir un pulso constante que simula un monitor hospitalario, transitando entre la angustia y la esperanza hasta culminar en un dramático silencio que enlaza directamente con el siguiente tema. A pesar de contar con una voz de la talla de Ronnie Romero, el guitarrista sintió que esa historia solo podía contarse a través de las cuerdas.
El futuro inmediato de la banda está supeditado a la maquinaria de Judas Priest, que actualmente se encuentra inmersa en la creación de su vigésimo álbum de estudio. Aun así, los planes para llevar a Elegant Weapons al directo se sitúan a finales de este 2026, con la mirada puesta en Europa y Estados Unidos una vez que Faulkner regrese de la carretera. Mientras tanto, el guitarrista ya rebusca en sus archivos de archivos en busca de los cimientos de lo que será el tercer capítulo de esta alianza de veteranos.
Si el primer disco fue una presentación, este segundo es la prueba de que el grupo ha encontrado un sonido que trasciende a las bandas nodrizas de sus componentes.
El rock no se jubila, solo aprende a teletransportarse entre estudios y husos horarios.
Ni Shillong, ni Delhi, ni Bengaluru, ni Mumbai. El veneno alemán se ha quedado seco antes de cruzar la aduana. Scorpions ha fulminado de un plumazo su gira "Coming Home" por la India, dejando a miles de seguidores con la entrada en la mano y un palmo de narices. La noticia ha saltado este mismo sábado a través de la promotora BookMyShow Live, que ha soltado el jarro de agua fría: circunstancias médicas imprevistas que afectan directamente a los miembros de la banda. A estas alturas, con Klaus Meine rozando los 77 años, cualquier estornudo fuera de guion en Hannover hace que los cimientos del hard rock tiemblen.
La decepción es absoluta. Estamos hablando de una banda que no pisaba suelo indio desde 2007. Todo estaba listo para que el 21 de abril el estadio JN de Shillong vibrara con los himnos de seis décadas de historia, pero el equipo médico ha dicho "nein". Lo que iba a ser un baño de masas generacional para celebrar sus 60 años de trayectoria se ha convertido en un trámite administrativo de reembolsos automáticos que llegarán en un plazo de 7 a 10 días. No hay fechas de sustitución, no hay promesas de "nos vemos el mes que viene"; solo un comunicado aséptico que habla de salud y de "querer volver" cuando el calendario y las articulaciones lo permitan.
Es el riesgo de seguir en la carretera cuando ya has visto pasar todas las modas posibles. Klaus, Rudolf Schenker y Matthias Jabs estaban, según ellos mismos, en un momento de entusiasmo máximo, pero la realidad biológica es un muro contra el que no se puede pelear por mucho cuero que te pongas encima. La banda sigue en pie, pero esta vez el aguijón se ha quedado sin fuelle antes de tiempo, dejando a los fans indios esperando un milagro que, por ahora, se queda en la enfermería.
Al final, resulta que el tiempo es el único que de verdad sabe cómo silenciar al viento del cambio.
BRINGERS OF DISEASE – FROM UNDERGROUND TO UNSTOPPABLE
STHDMETAL / ANGEL OF NOISE
Jason Phillips ha soltado la lengua, compadre, dejando claro que el regreso de Bringers of Disease no es un capricho para matar el aburrimiento, sino la consecuencia de un bofetón de realidad tras una ruptura sentimental que lo dejó tieso.
El nuevo disco, titulado Sulfur, nace de una sobriedad total y de la urgencia de escupir sus demonios sin filtros ni adornos de plástico. Si te crees que montar un proyecto hoy en día es juntarse en un garaje a sudar y beber cerveza barata, vas apañao, pisha. El propio vocalista confiesa que el rock and roll en 2026 se parece más a una oficina de contables amargados: videollamadas interminables, hojas de Excel y un mareo de archivos de punta a punta del país.
Una fatiga tremenda para un romántico que sigue prefiriendo el peso de un buen vinilo frente a la frialdad de lo digital. Y es que, con la formación desperdigada y unas agendas de infarto —ojo al dato, Zach sigue hasta el cuello con sus historias en Acid Bath —, el verdadero milagro es que hayan logrado parir un trabajo con tanta identidad. Pero cuando tienes a tu colega Jeff a los mandos de la logística, la cosa cambia. Él aporta ese toque atmosférico que equilibra los berridos de Jason, y además ejerce de filtro anti-tonterías; cada vez que el cantante se viene arriba con una ida de olla, Jeff le suelta un seco "eso es una estupidez" y lo devuelve al suelo. Pura guasa y efectividad, sin medias tintas. Lo que los señoritos de la prensa están llamando un súper grupo no deja de ser una reunión de sospechosos habituales, lo que añade una presión tremenda porque nadie quiere estropear el currículum de sus compadres.
La gran paradoja de este fénix bautizado como Sulfur, con sus marcadas letras satánicas, es que ha sido parido con la mente más limpia que Jason ha lucido en décadas. Atrás quedó el abuso de sustancias que reventó el proyecto original.
Él mismo lo reconoce con bastante arte: si su yo del 2010 lo viera ahora currando tan sobrio, probablemente lo llamaría "nenaza", aunque en el fondo se le caería la baba. Faltará ver si los astros cuadran para que esta pandilla pise la tarima de algún festival, pero mientras tanto, nos quedamos con la lección de que las peores rachas siempre han sido el mejor abono para la creatividad. A llorar a la llorería, que el disco ya está girando y no estamos para aguantar las pamplinas de nadie.