El 4 de febrero de 2026, los diales de SiriusXM vibraron con una frecuencia diferente. Dave Mustaine no fue al programa de Eddie Trunk a charlar sobre el pasado, sino a restregar el presente: Megadeth tiene el disco número uno del país. En una industria que parece diseñada para adolescentes con déficit de atención, el "Colorado" ha demostrado que el thrash técnico no solo sobrevive, sino que aplasta a la competencia con la precisión de un misil balístico.
Dave se sentó frente al micrófono con la calma de quien ya no tiene que demostrar nada porque las cifras de ventas hacen el trabajo sucio por él. Durante la entrevista, dejó claro que alcanzar la cima en pleno 2026 no ha sido un accidente de nostalgia, sino el resultado de negarse a suavizar un solo riff. Mientras otros buscan la validación en clips de diez segundos para redes sociales, Mustaine se regocija en la complejidad, lanzando dardos velados a la "pereza técnica" que impera en las producciones modernas. No dio nombres, pero el silencio que dejó tras hablar de "música prefabricada" se escuchó en los despachos de medio Silicon Valley.
La charla con Trunk fue un despliegue de autoridad absoluta. Dave no solo presumió de éxito comercial; reivindicó la estabilidad de su formación actual, sugiriendo que solo los músicos con "piel de rinoceronte" y una técnica quirúrgica pueden seguirle el ritmo sin desfallecer. Ante las preguntas sobre viejos fantasmas o reuniones imposibles, la respuesta fue un portazo elegante: el éxito de hoy es el clavo final en el ataúd de cualquier duda sobre su relevancia. Megadeth no ha vuelto; simplemente ha reclamado el sitio del que nunca debió bajar, dejando claro que para Dave, el segundo puesto sigue siendo el primero de los perdedores.
EL ÁNGEL DEL RUIDO
Resulta fascinante ver a un Mustaine que ya no necesita gritar para que se le escuche; ahora le basta con señalar las listas de Billboard y sonreír de medio lado. Su paso por Trunk Nation fue una clase magistral de supervivencia y soberbia justificada: ha pasado de ser el eterno perseguidor en la narrativa del metal a ser el veterano que mira a todos desde arriba con un disco de platino en el bolsillo. Dave sigue teniendo esa lengua afilada que tanto nos gusta, pero ahora la usa con la sofisticación de un estratega que ha ganado la guerra de desgaste. Al final, parece que el mundo ha tenido que aprender a tocar en tiempos compuestos para poder entender que, en el reino de Mustaine, la única ley es el volumen y la perfección.
No hay comentarios:
Publicar un comentario