Este 19 de febrero de 2026 se produce uno de esos milagros que solo la industria del rock puede sostener: celebrar el 80 aniversario de un hombre que lleva 46 años sin respirar. Ronald Belford Scott, el tipo que convirtió el exceso en una religión, sigue siendo el protagonista de un culto que desafía a la lógica y a la biología. Murió solo en un Renault 5 en Londres aquel invierno de 1980, pero aquí estamos, fingiendo que todavía puede soplar las velas.
La marea de comentarios es un catálogo de nostalgia tóxica y errores de calendario. Mientras algunos se empeñan en recordar que su cumpleaños real es en julio, la mayoría prefiere usar la fecha de su muerte para sentenciar que "Bon Scott ERA AC/DC", borrando de un plumazo los últimos 45 años de historia de la banda. Es el delirio del purista: gente que no ha pisado un escenario en su vida gritando desde el teclado que "Bon era la voz" y que nada de lo que vino después, ni siquiera el éxito masivo de Brian Johnson, tiene derecho a existir.
Las anécdotas de los supervivientes de los setenta brotan como hongos: que si lo vieron en Chicago con Angus a hombros ante cuatro gatos, que si su voz sonaba "mitad animal". Hay incluso quien, en un alarde de amargura profesional, aprovecha para atacar la producción de los discos posteriores, culpando a los productores de arruinar el sonido de las guitarras. Es el testamento de un hombre que tuvo la decencia de irse antes de que el rock se volviera un producto de oficina, dejando que nosotros nos peleemos por sus cenizas mientras él se libra de ver en qué se ha convertido su legado.
EL ÁNGEL DEL RUIDO
El rock siente una fascinación casi morbosa por los que se bajan del barco a tiempo. Bon Scott es el recordatorio perfecto de que, para ser una leyenda incuestionable, lo mejor es morirse joven y dejar que los demás proyecten sus frustraciones en tu cadáver. Le celebramos los 80 años como si fuera un abuelo entrañable, cuando en realidad fue el tipo que nos enseñó que el peligro tenía un ritmo irresistible y un aliento a whisky barato. Nos aferramos a su recuerdo porque preferimos su verdad sucia a la perfección aséptica de 2026. Bon se fue hace casi medio siglo y todavía tiene más "pelotas" que media lista de éxitos actual; el tipo ganó la partida en el momento en que decidió que el invierno de Londres era un buen sitio para echarse una siesta eterna.
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