Jack Osbourne ha confirmado el peritaje médico definitivo: si Ozzy Osbourne le está soltando una ráfaga de insultos al fotógrafo Ross Halfin, es que el motor todavía tiene compresión. En un ensayo lleno de estrellas de la talla de Metallica y Tony Iommi, bastó una dosis de mala leche del "Príncipe de las Tinieblas" para que todos supieran que el show seguía en pie.
SINFONÍA DE IMPROPERIOS Y EL EFECTO LÁZARO
La crónica de este encuentro revela que el ambiente en los ensayos de Birmingham era de una tensión digna de un funeral de estado, con Ozzy entrando en silla de ruedas bajo una prohibición estricta de sacar teléfonos móviles. Sin embargo, el silencio sepulcral se rompió cuando el fotógrafo Ross Halfin empezó a hacer lo que mejor sabe hacer: gritar a la gente. En un alarde de vitalidad senil que Jack Osbourne describe con orgullo, Ozzy no se quedó atrás y empezó a "darle caña" a Ross con una verborrea cargada de f-bombs que hizo que la habitación entera suspirara de alivio. Tony Iommi, testigo de décadas de este intercambio de fluidos verbales, solo pudo asentir ante la evidencia de que, mientras Ozzy tuviera fuerzas para insultar al servicio técnico, no había de qué preocuparse.
EL TEST DE LA MALA LECHE COMO DIAGNÓSTICO CLÍNICO
Lo que Jack nos vende como una anécdota familiar es, en realidad, la prueba de que el carisma de Osbourne no se mide en octavas, sino en decibelios de desprecio hacia la autoridad fotográfica. Ver al "Madman" recuperar su espíritu combativo frente a una cámara de Ross Halfin fue la señal que Metallica y el resto del "quién es quién" del metal necesitaban para confirmar que el concierto de despedida no sería un drama lacrimógeno, sino una última gamberrada profesional. Es el triunfo de la mala educación sobre el Parkinson: un traspaso de energías donde el insulto actúa como lubricante social y donde el paciente demuestra su mejoría mandando a paseo a uno de los fotógrafos más icónicos de la historia del rock.
NOTA DEL DEPARTAMENTO: Se recomienda a los médicos de cabecera incluir el "Test de Ross Halfin" en sus revisiones de rutina; si el paciente no insulta al médico tras cinco minutos de espera, es que algo va realmente mal. La gerencia advierte que intentar replicar esta técnica con su jefe puede no tener los mismos resultados de "vitalidad" y terminar en un "vuelo final" hacia la oficina de desempleo.
Ozzy Osbourne: Porque para retirarse con dignidad, primero hay que recordarle al fotógrafo quién es el que manda aquí abajo.
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