Iron Maiden cumple cuatro décadas intentando convencernos de que usar mallas de licra y pedales de efectos espaciales fue una decisión artística consciente y no un delirio colectivo de 1986.
Mientras celebran los cuarenta años de “Wasted Years”, sus seguidores intentan recordar dónde dejaron las llaves de casa.
Arqueología del cromo y el cardado imposible
La llegada de Somewhere in Time supuso el momento exacto en el que el purismo metálico sufrió un síncope al descubrir que sus ídolos habían sustituido el sudor de la New Wave of British Heavy Metal por sintetizadores de guitarra que sonaban a banda sonora de película de ciencia ficción de serie B. El videoclip de "Wasted Years", esa amalgama de metraje granulado y nostalgia prematura, funciona hoy como un recordatorio cruel de que incluso las leyendas del rock tuvieron una fase en la que su peluquero era su peor enemigo. La pieza visual es un catálogo de aeropuertos, estadios y primeros planos de Steve Harris moviendo la boca como si estuviera recitando el código de circulación mientras intenta no tropezar con los cables del futuro que nunca llegó.
El futuro de 1986 consistía básicamente en ponerse más laca y rezar para que el MIDI no se colgara.

