El 19 de febrero de 2026, Ed de This Day In Metal se ha sentado a charlar con Chuck Billy, la voz que ha mantenido a Testament a flote mientras el resto del mundo aprendía a usar el autotune. La excusa es la resaca del éxito de su decimocuarto álbum, "Parabellum", y la inminente gira Thrash of the Titans 2026 junto a Overkill y Destruction. Lo que sigue es una lección de cómo sobrevivir a cuatro décadas de metal sin perder el sentido del humor, ni el hábito de empujar a la gente en los conciertos.
Chuck confiesa que para este disco decidió que Eric Peterson le diera la música ya terminada, obligándose a cantar sobre riffs incómodos que lo sacaron de su zona de confort. El resultado es un álbum que, según él, tiene personalidad propia porque no tuvo tiempo de "masajear" las canciones hasta que sonaran a lo de siempre.
Aunque lanzaron el single "Infanticide AI", Chuck admite que decidieron no titular el disco así para no abrir el "agujero de conejo" de la Inteligencia Artificial y que los fans empezaran a cuestionar si el arte de la banda era real o generado por un algoritmo. Prefirieron el título Parabellum, que suena más a guerra clásica y menos a soporte técnico de Silicon Valley.
Chuck aboga por los conciertos que terminan temprano. "Si el promotor dice de salir a las 11:30 o 12:00, le digo que ni de coña". Quiere que los fans estén en la cama a las 10:30, demostrando que el verdadero thrash no está reñido con un buen ciclo de sueño.
El momento estelar llega cuando le leen una descripción de él mismo en un concierto de Kiss a los 14 años, escrita por su compañero Alex Skolnick en su libro. Chuck admite, entre risas, que no ha leído el libro de Alex porque Eric Peterson le dijo que "no estaba de acuerdo con mucho de lo que ponía" y que mejor no lo hiciera.
EL ÁNGEL DEL RUIDO
Es reconfortante comprobar que Chuck Billy sigue siendo el mismo tipo que embestía a la gente para ver a Gene Simmons escupir sangre. La entrevista nos revela a un Chuck que gestiona su banda como una mezcla entre un campo de batalla y una reunión de vecinos: evita las polémicas de la IA por pura pereza intelectual, no lee las memorias de sus compañeros para no pelearse y exige horarios de oficina para poder dormir ocho horas tras reventar un estadio. Es la sátira definitiva de la longevidad en el metal: el tipo que revolucionó el género con guturales y velocidad ahora solo quiere que el sonido no tenga retardo y que el concierto acabe a tiempo para ver las noticias. Profesionalidad absoluta de un gladiador que ya no necesita probar nada, excepto que todavía puede asustar a un entrevistador con su mera presencia.
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