EL ARTE DE SER ODIADO BAJO UN FILTRO INSTAGRAMERO
La narrativa de la obra se sumerge en la psique del "vilipendiado", ese concepto tan recurrente en músicos que necesitan justificar por qué su vecino les ha denunciado por ruido. Heartlay despliega una artillería de sintetizadores abrasivos que intentan competir con la intensidad de un Ivan King que se entrega a la cámara con la sutileza de un martillo hidráulico. La coreografía de sombras y los planos cerrados sugieren una profundidad psicológica que, curiosamente, coincide con la estética de cualquier club berlinés a las cuatro de la mañana, donde la vilificación es simplemente un efecto secundario de la mala iluminación.
Resulta fascinante observar cómo la producción intenta convencernos de que la alienación social se cura mejor con un buen procesador de voz y un montaje epiléptico. El metraje se esfuerza por capturar esa esencia de "monstruo incomprendido" que tanto gusta a quienes compran ropa con demasiadas correas innecesarias. La colaboración fluye con una agresividad calculada, diseñada específicamente para que el espectador sienta la opresión del sistema mientras, irónicamente, consume el contenido en una pantalla de alta definición producida por el mismo sistema que los artistas fingen despreciar.
DETALLES TÉCNICOS Y DERIVADOS DEL CAOS CONTROLADO
En el apartado estrictamente sónico, "Vilified" es una amalgama de percusiones metálicas y distorsión que busca el impacto inmediato, huyendo de cualquier atisbo de melodía que pudiera ser confundida con algo parecido a la felicidad. La dirección artística del video se mantiene fiel a los cánones del género: si no hay cables colgando, humo industrial o alguien gritando a un objetivo desenfocado, no es arte, es un anuncio de telefonía. La inclusión de Ivan King aporta ese matiz de teatralidad desquiciada que eleva el proyecto de un simple videoclip a una especie de terapia de choque para entusiastas del cuero sintético.
VALORACIÓN EDITORIAL: LA INDUSTRIALIZACIÓN DEL DRAMA
Heartlay y King han logrado facturar un producto que es, en esencia, el equivalente visual a un café solo demasiado cargado: te deja nervioso, te hace cuestionar tus decisiones vitales y te da ganas de quemar algo, preferiblemente un libro de autoayuda. "Vilified" triunfa en su misión de hacernos sentir incómodos, demostrando que para ser un villano hoy en día no hace falta un plan maestro, basta con tener una buena cámara lenta y suficiente distorsión para que nadie entienda tus quejas.
NOTA DEL DEPARTAMENTO: Se recomienda a los espectadores con sensibilidad a las luces estroboscópicas o al existencialismo barato que vean el video con gafas de sol. La gerencia no se hace responsable de los deseos repentinos de mudarse a una fábrica abandonada o de comprarse un abrigo largo en pleno verano.
Heartlay - Vilified: Porque si el mundo te odia, al menos que sea con un buen etalonaje de color.
No hay comentarios:
Publicar un comentario