Sodom ha decidido que 32 años no son suficientes para olvidar el trauma visual de "Silence Is Consent". Para celebrar que el 27 de febrero nos van a volver a vender el mismo material pero con píxeles más nítidos, Andy Brings se ha traído a Jo Heim, el tipo que en 1994 se puso detrás de la cámara para grabar a Tom Angelripper mientras el mundo del metal intentaba entender qué hacían unos alemanes hablando de ética en medio de una tormenta de riffs. Heim, que ha pasado de filmar la mugre de Sodom a blockbusters sobre Milli Vanilli y enanitos en el bosque, es ahora el DOP más aclamado de Alemania, demostrando que se puede sobrevivir al Thrash Metal y acabar ganando premios de verdad.
La fidelidad a los hechos es irónica: es fascinante ver cómo una banda que personifica la suciedad del Ruhr saca pecho de haber trabajado con un cineasta que ahora es la élite del celuloide teutón. Mientras Heim recuerda la sesión de vídeo como quien recuerda una gamberrada de juventud antes de irse a rodar un "Tatort" de máxima audiencia, los fans de Sodom esperan con ansia la reserva de "GWYD". Es la maquinaria de la nostalgia en su máximo esplendor: rescatar a un camarógrafo de prestigio para darnos una pátina de respetabilidad intelectual a un vídeo que, originalmente, solo buscaba que no nos olvidáramos de que el silencio, efectivamente, otorga.
Al final, este reencuentro es el ejercicio de relaciones públicas perfecto. Nos venden la versión remasterizada como una pieza de arte cinematográfico cuando todos sabemos que lo que queremos es ver a Angelripper con menos grano en la imagen y el volumen al once. Andy Brings ejerce de maestro de ceremonias en una charla que destila esa camaradería de veteranos que ya no tienen que demostrar nada, excepto que todavía saben cómo monetizar el pasado con una sonrisa profesional.
EL ÁNGEL DEL RUIDO
El "ángel" de esta crónica no lleva guitarra, sino una lente de 35mm y un currículum que da envidia. Jo Heim es el ángel que le puso luz a las tinieblas de Sodom cuando nadie daba un duro por la estética del Thrash. Su reflexión satírica es clara: el ruido solo es ruido hasta que un cámara con talento decide que es "visualmente impactante". Este ángel del estruendo nos enseña que, en el negocio del espectáculo, no importa cuánta bilis y distorsión sueltes, siempre habrá un profesional dispuesto a filmarlo para que, tres décadas después, te lo vuelvan a cobrar como oro remasterizado.
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